lunes, 21 de febrero de 2011

EL PADRE IGNACIO PERIES VISITÓ BARADERO Y CELEBRÓ MISA.

El padre Ignacio Peries, originario de Sri Lanka, actuante en la arquidiócesis de Rosario, visitó Baradero y celebró Misa.

La gestión fue realizada por el Secretario de Culto de la Nación, y S.E. Mons. Sarlinga accedió gustoso, a pedido también de S.E. Mons. Mario Maulión, arzobispo emérito de Paraná. El Obispo Mons. Oscar Sarlinga dijo que la presencia del Padre Peries en Baradero sería un bálsamo que ayudaría a curar heridas profundas de esa comunidad, en la que existen dos parroquias, Santiago el Apóstol y Nuestra Señora de Luján. Asimismo, el Obispo solicitó al Padre Fernando Fusari, cura párroco de Nuestra Señora de Luján, que se ocupara (en lo concerniente al ámbito eclesiástico) de la organización de la visita y encuentro con la comunidad católica, de común acuerdo con lo concertado por el Sr. Secretario de Culto, Emb. Olivieri, quien es originario de la ciudad de Baradero.

La nota de "Baradero te informa" es elocuente, y asimismo las fotografías, razón por la cual citando exactamente la fuente, la reproducimos en "Fenix civilización":

http://www.baraderoteinforma.com.ar

Sábado 19 de Febrero de 2011

El padre Ignacio nos bendijo con su presencia y su Fe.


Ayer viernes y ante unas 4000 personas ofició misa en Baradero el padre Ignacio Peries, cura sanador de Rosario.


El padre Ignacio llegó a nuestra ciudad invitado por el Secretario de Culto de la Nación, el baraderense Guillermo Oliveri.


El mismo sacerdote reconoció que no es su costumbre salir de su Parroquia Natividad, ubicada en las afueras de Rosario, pues cada fin de semana concurren unas 30000 personas de todas partes del país y el extranjero en busca de su presencia.


Por esas cosas vinculadas a la Fe, la visita del padre a Baradero fue una bendición porque que alguien tan requerido esté en nuestra ciudad y justamente en una semana como la que vivimos donde todos estamos golpeados por la muerte de Lucas Rotela, es casi milagroso.


Desde temprano y a pesar de la amenaza de lluvia, fue llegando la gente al anfiteatro, algunos con botellas de agua para ser bendecida, otros con fotos de familiares y lo enfermos que sin importar el esfuerzo o la dolencia, querían estar, querían encontrar en las manos del sacerdote la sanación.


A las 17 hs, en el altar armado sobre el escenario, comenzó la misa de la que participaron el padre, los párrocos de la iglesia Santiago Apóstol y la parroquia Nuestra Señora de Lujan y el diácono Carlos Roselló.

Estaban también presentes pero entre el público y cada uno por su lado el Secretario de Culto de la Nación Guillermo Oliveri y el Intendente Aldo Carossi.


De mirada penetrante, tez morena, una energía que supera lo natural y el idioma español con algunos defectos de acentuación por su origen Hindú, el Padre Ignacio en forma pausada habló en la homilía sobre la búsqueda de Dios, esa pregunta que nos hacemos ¿Dónde está Dios?, cuando en realidad está en todos lados, lo explicó con una simple metáfora contando la historia de un pez pequeño que vivía esperando conocer el océano, sin darse cuenta entre tanta agua que donde estaba era el océano pero no podía verlo. También habló de la cruz que cargamos cada uno de nosotros, pero que Dios compensa el peso de esa cruz con la gracia de Dios.


Las palabras del Padre Ignacio producen una sanación espiritual y dan mucha paz.


Bendijo a nuestra ciudad para que encuentre la paz y seguridad tan solicitada por los baraderenses.


Una vez finalizada la misa, dijo que nadie que lo quiera, se iba a ir sin su bendición e imposición de manos. Descendió y se acercó a la gente que organizadamente esperaba detrás de la baranda.


Miles de personas eran tocadas, bendecidas y abrazadas por el cura sanador, para luego recibir las indicaciones por parte de alguno de los muchos voluntarios que trabajan con él.


Apenas las personas eran tocadas, en muchas de ellas brotaban lagrimas y conmovidos se retiraban con una sensación tan especial como indescriptible. En todos los casos uno de los colaboradores apartaba a la persona y le indicaba lo que debía hacer para sanar, de acuerdo a la seña que le hacia el sacerdote.


En la larga fila se encontraba gente de Baradero, las localidades de la zona y hasta del extranjero que esperaban ansiosos la bendición.


La imposición de manos se extendió hasta las primeras horas de hoy sábado.


Baradero vivió un viernes distinto donde la Fe se apoderó de miles de almas, en esta misma ciudad que hace exactamente una semana lloraba el asesinato de un joven.


La convocatoria de este acto de la iglesia católica fue uno de los más masivos de los últimos tiempos.


Gracias Padre Ignacio!!!

sábado, 12 de febrero de 2011

EVANGELIZACIÓN Y CIVILIZACIÓN EN LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA

EL BARRIO “SANTA BRÍGIDA” DEL PARTIDO DE PILAR (en INTENDENTE LAGOMARSINO) RECIBE LA VISITA DEL OBISPO AL CENTRO DE PROMOCIÓN HUMANA “NUESTRA SEÑORA DE LOURDES”
DETALLE DE LA PROCESIÓN EN CENTRO PASTORAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
GRUPO DE MONAGUILLOS DEL CENTRO PASTORAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
PROCESIÓN EN CENTRO PASTORAL NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
El sábado 12 de febrero por la tarde el Obispo de Zárate-Campana, Mons. Oscar Sarlinga, visitó nuevamente, luego de haberlo hecho en 2009 y 2010, el “centro de promoción humana integral” llamado “Nuestra Señora de Lourdes”, llevado por la Hna. Laurentina Bussano y la asociación que lleva el mismo nombre mencionado de la advocación de la Virgen, ubicado en la zona del partido de Pilar llamada “Intendente Lagomarsino”, dentro de la jurisdicción de la parroquia de la Inmaculada Concepción (en la región conocida como “Maquinista Savio”, en el límite entre las populosas circunscripciones de Pilar y Escobar). Se trata de una densamente poblada zona del Gran Buenos Aires, de gente trabajadora, donde no faltan barrios humildes y necesitados, y donde el mencionado centro pastoral, a cargo de una virgen consagrada, Laurentina Bussano, está constituido a la vez en asociación privada de fieles, para brindar en esas barriadas, la catequesis, el apoyo alimentario a los niños de familias más carenciadas, y también el apoyo escolar en sus estudios de la escuela primaria. Así pues, desde la oración, la catequesis, asistencia y promoción, educación, son sus finalidades principales.
Es la tercera visita que el obispo realiza al centro pastoral, que está perfectamente integrado a la pastoral de la parroquia de la Inmaculada Concepción (de la localidad de Maquinista Savio, ubicada exactamente en el límite de los partidos de Pilar y Escobar, jurisdicción en la que se calcula  habitan unas 60.000 personas). La visita episcopal comenzó en la sede del centro “Nuestra Señora de Lourdes” desde donde partió una procesión, la cual llegó hasta el monolito con la artística imagen en mayólica de Santa Brígida de Suecia (cuyo nombre lleva el barrio, por disposición municipal). Al mismo tiempo, en el centro pastoral funciona uno de los grupos “de piedad ecuménica” de los que conforman la diócesis, según la pastoral desarrollada por la delegación de ecumenismo y diálogo interreligioso. Junto con el obispo se encontraban Mons. Justo Rodríguez Gallego (párroco de la Inmaculada Concepción) y el Pbro. Dr. Nestor Villa, moderador de la citada comisión de ecumenismo y diálogo interreligioso, así como diáconos permanentes y seminaristas, y el excelente grupo de monaguillos dirigido por el Sr. Oscar Cabrera, que ayudó a la dignidad de la Liturgia. Luego de la procesión, muy seguida por los fieles laicos, tuvo lugar la celebración de la Misa en honor de Nuestra Señora de Lourdes, con la intención principal por los enfermos, en la Jornada de los enfermos que se celebra a nivel mundial (aunque en la Argentina es trasladada al mes de noviembre).
El obispo Mons. Sarlinga hizo alusión en su homilía a la fe cristiana como “motor” y a la importancia de la catequesis y de la educación para el progreso de los pueblos, y en especial de los jóvenes, para que se beneficien de los frutos de la cultura, incluyendo aquí –destacó- “el sentido religioso y moral”, de manera tal que se viva desde las convicciones profundas, trascendentes, que encuentran su «humus» de crecimiento en la amistad social.
Dijo también Mons. Sarlinga que este principio de la doctrina social de la Iglesia que es la  amistad social se aplica también a la comunidad y a la convivencia social y política, y que su campo es “el del desinterés, el desapego de los bienes materiales, la donación, la disponibilidad interior a las exigencias del otro. La amistad civil, así entendida, es la actuación más auténtica del principio de fraternidad, que es inseparable de los de la libertad y la igualdad”. Citó en esto al Compendio de la Doctrina social de la Iglesia y animó a todos los presentes a formarse más y más en dicha doctrina, así como donó al centro pastoral algunos ejemplares para su biblioteca, instando a que se le dé la importancia debida como “instrumento privilegiado de la evangelización”. Recordó también Mons. Oscar Sarlinga que la diócesis posee un grupo misionero estable de cerca de 400 jóvenes, los cuales misionan juntos, cada año, un lugar que se elige con el consejo presbiteral y la mesa del consejo pastoral, y que esperaba que también jóvenes comprometidos con el centro “Nuestra Señora de Lourdes” pudieran incluirse en grupos misioneros, así como -acotó- “quiera Dios que al resurgir vocacional de nuestra diócesis se unan también de jóvenes que participan de esta pastoral, no menor de entre el grupo de monaguillos” aunque, refirió, “es siempre el Señor quien nos elige, y no nosotros a Él”.  “Nosotros abramos nuestro corazón con humildad; a cada uno Dios nos mostrará su vocación y elección”.
Al término de la misa se tuvo un ágape fraterno, durante el cual el Obispo y los sacerdotes tuvieron oportunidad de saludar personalmente a los vecinos del barrio, a los catequistas, a las familias y a los niños que allí concurren.

HOMILÍA DE MONS. OSCAR SARLINGA

El 12 de febrero de 2011, en el centro de promoción humana integral “Nuestra Señora de Lourdes” del Barrio “Santa Brígida” de Pilar.
Queridos hermanos y hermanas de este centro pastoral, que es un centro de promoción humana integral, “Nuestra Señora de Lourdes”, han venido ustedes muy numerosos para la procesión, la misa y el encuentro fraterno en este día de Nuestra Señora. El intenso calor de la jornada no los ha arredrado o echado atrás; ojalá arda en nuestro corazón el amor de Dios, tanto e infinitamente más como ha ardido el sol a lo largo de nuestra procesión, y ahora mismo, durante esta celebración.
Nos encontramos congregados como Iglesia peregrina, en este lugar, donde este “centro” dedicado a la evangelización y a la caridad social en esta populosa barriada del partido de Pilar, llamado “Santa Brígida”, y esto en honor de la Santa sueca del medioevo, que tanto hizo por la unidad eclesial. Este centro, dedicado a la catequesis, al suplemento de la alimentación y nutrición de los niños de familias más pobres, al apoyo escolar y a la educación, en un “rico humanismo trascendente”.
Dada la importancia de los símbolos, el pasado año se ha inaugurado al ingreso de este barrio un importante monolito con una artística imagen de la misma Santa Brígida, la cual, en la diócesis, es patrona del ecumenismo espiritual, precisa y providencialmente en este lugar, en cuyo centro de promoción humana integral ha surgido uno de los grupos “de piedad ecuménica” de entre los más activos con los que contamos, esto es, un grupo de fieles católicos que oran por la unidad de la Iglesia, por el ecumenismo como ella lo entiende, y por el entendimiento en el diálogo interreligioso. Siempre que he visitado este centro de “Nuestra Señora de Lourdes” he experimentado, como palpable, la vivencia de la fraternidad. Fraternidad de la cual la fe cristiana es principio motor, porque la fe nos da fuerza, coraje y nos mueve a vivir en armonía y paz.  Al mismo tiempo, “promoción humana integral” posee como base de comprensión lo que la Iglesia entiende cuando defiende al ser humano a la «persona humana» como realidad única e inalienable[i], «creatura sagrada», admirable en la creación entera, «ser humano sagrado», es decir, la persona, piedra angular de la construcción de la sociedad humana, todo lo cual debe ir transmitiéndose en la educación.
Destaco también el respeto existente con relación a personas de otras confesiones cristianas o de otras religiones, numerosos en estas zonas del Gran Buenos Aires. Cultivemos ese respeto, dentro de la verdad y la justicia, porque como nos enseña el Papa Benedicto XVI “la apertura a Dios, radicada en la naturaleza humana, confiere plena dignidad a cada ser humano y es garante del pleno respeto recíproco entre las personas” pues “existe un ligamen inescindible entre libertad y respeto”[ii].
También quisiera decirles, queridos hermanos y hermanas, que una tarea fundamental para el progreso de los pueblos, es la educación de la sociedad y, de modo particular, de los jóvenes, para que se beneficien de los frutos de la cultura, incluyendo aquí el sentido religioso y moral, de tal manera que no vivamos sólo de «códigos» (aunque dichos códigos sean necesarios) sino de convicciones profundas, trascendentes, que encuentran su «humus» de crecimiento en la amistad social, la cual incluye “que se promueva la capacidad de admiración, de comprensión interna, de contemplación y de formarse un juicio personal, así como de cultivar el sentido religioso moral y social”[iii]
Este principio, me refiero al de la amistad social, se aplica también a la comunidad y a la convivencia social y política. Como lo dice el «Compendio de la Doctrina social de la Iglesia» “(…) esta convivencia adquiere todo su significado si está basada en la amistad civil y en la fraternidad (…) El campo de la amistad (…) es el del desinterés, el desapego de los bienes materiales, la donación, la disponibilidad interior a las exigencias del otro. La amistad civil, así entendida, es la actuación más auténtica del principio de fraternidad, que es inseparable de los de la libertad y la igualdad”[iv]
La amistad social, por su parte, ha de llevarnos a una solidaridad activa, basada en la fraternidad, que haga crecer, que dé renovadas fuerzas de caridad social o solidaridad. Mientras tanto, el concepto de solidaridad tiene que ver con el crecimiento común de toda la sociedad”[v]  y a eso tenemos que apuntar, a un legítimo progreso, con todas nuestras potencialidades, aspirar a un desarrollo integral, que junto con todo lo social, educativo, laboral,  incluya la dimensión espiritual, que nos da la fe y que si se transforma en el centro de nuestra vida, la cambiará desde dentro y nos dará renovadas energías a nuestro espíritu. Los insto a estudiar, a informarse, a formarse en la doctrina social de la Iglesia (existe el estupendo y no suficientemente conocido “Compendio de la Doctrina social de la Iglesia”) porque aquélla es “instrumento privilegiado de la evangelización”.
Por otra parte, algo más que quería recordarles es que nuestra diócesis posee un grupo misionero estable de cerca de 400 jóvenes, los cuales misionan juntos, cada año, en un lugar que se elige con el consejo presbiteral y la mesa del consejo pastoral: es nuestra “misión interior”, tanto más importante cuanto que estas regiones lo son de mucha migración, de hermanos y hermanas provenientes de las provincias del noroeste, del nordeste del país, y también de países hermanos tales como Paraguay y Bolivia. Espero que  jóvenes comprometidos con la pastoral de este centro “Nuestra Señora de Lourdes” puedan incluirse en grupos misioneros, así como quiera Dios que al resurgir vocacional que por su Gracia estamos viviendo en la diócesis de Zárate-Campana se unan también jóvenes de aquí, no menor de entre el grupo de monaguillos, quienes han recibido una muy buena formación. Esto dicho, tenemos claro que es siempre el Señor quien nos elige, y no nosotros a Él, pongamos nuestra libertad a disposición para que Él haga nuestra historia, nuestra vida.  Nosotros abramos nuestro corazón con humildad; a cada uno Dios nos mostrará su vocación y elección.
La Santísima Virgen, en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes, nos ayude, nos asista, proteja a nuestras familias, y en especial a los enfermos (en esta Jornada del enfermo) y nos guíe en nuestro camino, el cual, si vamos de su mano, siempre nos conducirá a Jesucristo, el Hijo de Dios. Que Él sea nuestra luz.

+Oscar Sarlinga
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[i] Cf. J. RATZINGER, “The Dignity of the Human Person”, en H. VORGRIMLER (a cargo), Commentary on the Documents of Vatican II (vol. V) en Pastoral Constitution on the Church en the Modern World, New York, 1969, pp. 115-163.
[ii] BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la celebración de la XLIV Jornada mundial de la paz, 1ro. de enero de 2011, n. 3.
[iii] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et Spes, 59.
[iv] PONTIFICIO CONSEJO IUSTITIA ET PAX, COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, c. La convivencia basada en la amistad civil, n. 390.
[v] Cf PONTIFICIO CONSEJO IUSTITIA ET PAX, COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, c. Solidaridad y crecimiento común de los hombres, n. 194.

miércoles, 2 de febrero de 2011

FIESTA DE LA CANDELARIA EN BELÉN DE ESCOBAR

LA COMUNIDAD DIOCESANA DE ZÁRATE-CAMPANA CELEBRA HOY LA FIESTA DE LA CANDELARIA (“PRESENTACIÓN DEL SEÑOR”) CON SENTIDO ILUMINADOR DESDE LA FE Y SOCIAL, EN EL AMOR Y LA PAZ

BELÉN DE ESCOBAR (iglesia co-catedral de la diócesis de Zárate-Campana)

Las candelas encendidas, símbolo de la Luz de las Naciones en el Templo de Jerusalén, tal como lo vio el anciano Simeón
La imagen de Nuestra Señora de los Buenos Aires (que en realidad es una imagen de la Virgen de la Candelaria)

Ya se ha hecho tradicional en Belén de Escobar la celebración –presidida por el Sr. Obispo- de la Candelaria (“Presentación del Señor”) en la festividad eclesial que recuerda la presentación del Niño Jesús al Templo (“Luz de las Naciones, gloria de su Pueblo, Israel”, como lo llamó el anciano Simeón), con las candelas encendidas, que representan las Luminarias del Templo, así como, principalmente, la luz de la fe y del amor, luz que disipa todas las tinieblas que pueden anidar en el corazón humano.
En este día, más allá de las simbólicas candelas o velas encendidas, aun siendo éstas un signo elocuente, la diócesis de Zárate-Campana (y Escobar) pide a las familias católicas ofrecer al Niño Dios las buenas obras, pues el Día de la Candelaria implica el momento en que la Ssma. Virgen María, llevando en brazos a Jesús, se presentó ante el templo de Dios, llevando algunas velas y una paloma, obteniendo su purificación conforme a la Ley de Moisés, tras 40 días de dar a luz al Niño Dios. Es por esto que el Obispo Mons. Oscar Sarlinga ha solicitado que en todas las parroquias se haga una ofrenda especial para Caritas y se tome el compromiso de colaborar cada día más y mejor con la obra educativa de los colegios del Obispado (y de las congregaciones religiosas) para que ofrezcan un servicio en favor de los más necesitados.

PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO, DE FRA' ANGELICO
Templo de iglesia co-catedral del Señor
En este día, en la iglesia co-catedral de la Natividad se llevará la imagen del Niño Jesús ante la imagen de la Ssma. Virgen en su advocación de Nuestra Señora de los Buenos Aires (que es una imagen de la Candelaria) la cual se halla entronizada en la capilla lateral que lleva su nombre, en el lugar donde se hallan enterrados los restos de quien fuera la fundadora de Escobar (Eugenia Tapia de Cruz)  en una celebración a la cual se ha invitado a los miembros de la vida consagrada (religiosos, religiosas y equiparados, así como las vírgenes consagradas de la diócesis). Dentro de la ceremonia, el Sr. Obispo tomará la consagración en la vida virginal (esto es, como virgen consagrada) de una miembro de la comunidad parroquial de Belén de Escobar (y de Campana), la Srta. Teresa Ferlaino, quien se convertirá en la novena “virgen consagrada” presente en la circunscripción diocesana.
Para la Diócesis, la tradición del Día de la Candelaria va acompañada por el sentido de religiosidad popular que se ha acrecentado en los últimos años, y en especial luego de la entronización de la insigne imagen de Nuestra Señora de los Buenos Aires, para lo cual el Obispado ha restaurado por completo la capilla lateral del templo que ahora la alberga.
De este modo, la iglesia católica precisa que en Belén de Escobar  la celebración de la Candelaria cobra un tinte muy particular, pues empeña a las familias desde la colocación del “Nacimiento”, previo a la Navidad, y la colocación de la figura del Niño Dios, haciéndose “buenos hermanos”  los integrantes de la misma, quienes acuerdan presentar al Niño ante la iglesia, el 2 de febrero. No olvidemos que el tempo co-catedralicio se encuentra dedicado, precisamente, a “la Natividad del Señor”, esto es, al misterio de Navidad.
En el más estricto sentido religioso, la fiesta de la Candelaria se remonta a una tradición judía que obligaba a la mujer permanecer en cuarentena después del parto, debiendo acudir ante el templo al final de 40 días para sacrificar un animal y con su sangre se rociaba a una paloma, la cual se dejaba volar libremente, acto que significaba que la mujer quedaba purificada por la sangre que había derramado durante el parto.
Y en el caso de la la Ssma. Virgen María, quien tuvo un parto virginal, cumple por humildad con la Ley y a los cuarenta días se presentó al templo. Este rito era purificatorio y se destacaba por llevar velas. El mundo cristiano trató de hacer procesiones con velas y como candela –en latín significa vela– se le empezó a llamar la fiesta de la Candelaria.
Como hemos dicho, también se celebra en la Candelaria el “Día de la Vida Consagrada”. En efecto,
la iglesia católica también celebra este dos de febrero, el “Día de la Vida Consagrada”, es decir, las jóvenes que deciden dedicar su vida a Dios y a predicar el Evangelio, olvidándose de las comodidades de la vida mundana y dedicándose en todo a la obra eclesial.
En la diócesis de Zárate-Campana son numerosas las comunidades de religiosas (algunas de las cuales se han establecido en los últimos tres años, tales como las hermanas del Niño Jesús (en Presidente Derqui, dedicadas a la promoción humana integral; las Hnas. del Instituto “Mater Dei” (en Ing. Maschwitz, dedicadas a la catequesis y a la Liturgia) y las Hnas. de la Caridad de Jesús (excongregación de las Hnas. de la caridad de Miyazaki, de origen japonés) dedicadas a las familias, a través de los niños, y en especial de los más pobres y necesitados).
Puede verse el panorama de la vida consagrada en la diócesis de Zárate-Campana (partidos civiles de Escobar, Campana, Zárate, Baradero, Pilar, Exaltación de la Cruz y San Antonio de Areco) en la página oficial del Obispado (www.obispadozaratecampana.org) y en especial en el blog allí incluido, a saber: http://vidaconsagradazc.blogspot.com/

viernes, 28 de enero de 2011

MONS. OSCAR SARLINGA EXHORTA A MANTENER VIVO EL ESPÍRITU DE LA "MISIÓN CONTINENTAL" DE APARECIDA

San Pablo encuentra la Luz de Cristo, Capilla de la Nunciatura, Damasco
 El Obispo lo hizo en sus últimas homilías, del pasado domingo, y con oportunidad de la celebración de la Conversión de San Pablo, el 25 de enero, habiendo destacado en especial "el impulso del Espíritu Santo".
A modo de brevísima relación histórica, en el año 2006, a poco de la toma de posesión del nuevo Obispo, Mons. Oscar Sarlinga (18-II-06)  se creó en la diócesis de Zárate-Campana  la "delegación de misiones" la cual, junto con la también creada "delegación de pastoral de juventud" tendrían a cargo la promoción de jóvenes misioneros que estuvieran a disposición de la "misión interior" esto es, en el interior de la diócesis, la cual es una de aquellas que, en la Argentina, ha recibido más flujo inmigratorio tanto de las provincias como de los países limítrofes. Esta visión pastoral incluía la "nueva evangelización" a la que había llamado el Papa Juan Pablo II ("nueva en su ardor, en sus métodos y en sus modos de expresión"). Desde una perspectiva trascendente, bajo el amparo de la Virgen de Luján, Patrona de la diócesis  Patrona de la Argentina, y de conformidad con la pastoral diocesana, que comenzó a reorganizarse a partir de las primeras asambleas de clero y laicos en marzo de 2006, ya desde 2007 ese comenzó con el llamado "estado de misión", a comenzar por la dimensión misionera de la pastoral entera (enseñanza recurrente de Mons. Sarlinga), y de la pastoral ordinaria en particular. En efecto, la pastoral ordinaria puede y debe conllevar una dimensión misionera, como tantas veces lo hemos reflexionado. En ZENIT.org, el lunes 1 octubre 2007 se publicaba: “En la ciudad argentina de Campana, «ya se ha puesto en marcha el espíritu que nos pedían los obispos de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida»”. Así lo fue en distintas ciudades y pueblos de nuestra diócesis. Con ese fin, y visto el valor del las Orientaciones del Consejo Episcopal Latinoamericano para la misión en nuestro continente, ofrecemos para la reflexión estas líneas, que manifiestan “la Iglesia en misión permanente”.  Tanto el clero como el consejo pastoral asumieron dichas consignas en consonancia con «Navega Mar adentro» al punto que se comenzó a trabajar mancomunadamente en pos del «Plan Pastoral diocesano» de pastoral, que es hoy una realidad en vías de cumplimiento.

Tríptico de Aparecida, detalle de la Transfiguración del Señor
multiplicación de los panes en el Tríptico de Aparecida
A los fines de una formación integral en la materia, el Obispo pidió que se recordaran las orientaciones del CELAM (Consejo episcopal latinoamericano) acerca de la "Misión" con la finalidad, dijo, de acendrarse en la "Misión permanente" y acrecentar las vías de la "Misión continental", cuyo punto de impulsión en la diócesis de Zárate-Campana tuvo lugar el 9 de mayo de 2009, con oportunidad de la misión en Belén de Escobar, del Encuentro de Juventud y de las Fiestas patronales diocesanas (el 8 de mayo es la solemnidad de la Virgen de Luján), celebración en la cual se marcó un hito: la consagración de la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús.

Conversión de San Pablo Apóstol

Veamos ahora las orientaciones del CELAM:
ORIENTACIONES DEL CELAM

I.

UNA IGLESIA MISIONERA EN EL CONTINENTE

EL ESPÍRITU NOS IMPULSA A LA MISIÓN

El documento conclusivo de la V Conferencia de Aparecida, recordando el mandato del Señor de “ir y hacer discípulos entre todos los pueblos”1, desea despertar un gran impulso misionero en la Iglesia en América Latina y El Caribe. Esta es, sin duda alguna, una de las principales conclusiones de ese gran encuentro eclesial. Este impulso misionero se puede desglosar en cuatro consecuencias prácticas: 

-aprovechar intensamente esta hora de gracia;

-implorar y vivir un nuevo Pentecostés en todas las comunidades cristianas;

-despertar la vocación y la acción misionera de los bautizados, y alentar todas las vocaciones y ministerios que el Espíritu da a los discípulos de Jesucristo en la comunión viva de la Iglesia.

-salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza2. 

El Espíritu Santo nos precede en este camino misionero. Por eso confiamos que este testimonio de Buena Nueva constituya, a la vez, un impulso de renovación eclesial y de transformación de la sociedad.   

NATURALEZA Y FINALIDAD DE LA MISIÓN

La misión es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia llamada por el Señor a evangelizar a todos los pueblos. “Su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios”3. Por eso, la misión que se realice como fruto del encuentro de Aparecida debe, ante todo, animar la vocación misionera de los cristianos, fortaleciendo las raíces de su fe y despertando su responsabilidad para que todas las comunidades cristianas se pongan en estado de misión permanente.   

Se trata de despertar en los cristianos la alegría y la fecundidad de ser discípulos de Jesucristo, celebrando con verdadero gozo el “estar-con-Él” y el “amar-como-Él” para ser enviados a la misión. “No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza!”4. 

 Así, la misión nos lleva a vivir el encuentro con Jesús como un dinamismo de conversión personal, pastoral y eclesial capaz de impulsar hacia la santidad y el apostolado a los bautizados, y de atraer a quienes han abandonado la Iglesia, a quienes están alejados del influjo del evangelio y a quienes aún no han experimentado el don de la fe. 

Esta experiencia misionera abre un nuevo horizonte para la Iglesia de todo el continente que quiere “recomenzar desde Cristo” recorriendo junto a El un camino de maduración que nos capacite para ir al encuentro de toda persona, hablando el lenguaje cercano del testimonio, de la fraternidad, de la solidaridad.   

LA IGLESIA EN MISIÓN PERMANENTE


La Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en “estado permanente de misión”5. Se trata de fortalecer la dimensión misionera de la Iglesia en el Continente y desde el Continente. Esto conlleva la decisión de recorrer juntos un itinerario de conversión que nos lleve a ser discípulos misioneros de Jesucristo. En efecto, “discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo él nos salva (cf. Hch 4, 12)”6.  

El “estado permanente de misión” implica ardor interior y confianza plena en el Señor, como también continuidad, firmeza y constancia para llevar “nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas”7. El mismo Espíritu despertará en nosotros la creatividad para encontrar formas diversas para acercarnos, incluso, a los ambientes más difíciles, desarrollando en el misionero la capacidad de convertirse en “pescador de hombres”. 

En fin, “estado permanente de misión” implica una gran disponibilidad a repensar y reformar muchas estructuras pastorales, teniendo como principio constitutivo la “espiritualidad de la comunión”8 y de la audacia misionera. Lo principal es la conversión de las personas. No cabe duda9. Pero ello debe llevar naturalmente a forjar estructuras abiertas y flexibles capaces de animar una misión permanente en cada Iglesia Particular.  
II.

LA  MISIÓN  CONTINENTAL

UNA ACCIÓN MISIONERA CONTINENTAL PARA UNA IGLESIA EN MISIÓN PERMANENTE

“A la pregunta ¿para qué la misión? respondemos con la fe y la esperanza de la Iglesia: nuestra misión es compartir la Vida que nos transmite Cristo.10 “El Amor es el que da la vida; por eso la Iglesia es enviada a difundir en el mundo la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).”11 De esta manera la Iglesia es “misionera sólo en cuanto discípula, es decir, capaz de dejarse atraer siempre, con renovado asombro, por Dios que nos amó y nos ama primero (Cf. 1 Jn 4, 10).12  

Este dinamismo misionero se da en un momento muy propicio. “Cuando muchos de nuestros pueblos se preparan para celebrar el bicentenario de su independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere, desde nuestra identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres.”13. 

A esto nos ayuda la próxima realización del Congreso Misionero Latinoamericano-COMLA8 /CAM3, lo mismo que el Sínodo sobre la Palabra en la vida y misión de la Iglesia (2008) y la celebración del Año Paulino en 2008-2009. 

La misión es un rasgo constitutivo de la Iglesia 

Un objetivo esencial de la Misión Continental es tomar conciencia de que la dimensión misionera es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia y del discípulo del Señor. Por eso, a partir del Kerigma, ella pretende vitalizar el encuentro con Cristo vivo y fortalecer el sentido de pertenencia eclesial, para que los bautizados pasen de evangelizados a evangelizadores y, a través de su testimonio y acción evangelizadora, nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños llegan a tener Vida plena en Él. 

Para lograr ese objetivo “todos los bautizados estamos llamados a “recomenzar desde Cristo”, a reconocer y seguir su Presencia con el mismo realismo y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace 2000 años, y con los “Juan Diego” del Nuevo Mundo. Sólo gracias a ese encuentro y seguimiento, que se convierte en familiaridad y comunión, por desborde de gratitud y alegría, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar y gozar”14. 

Medios para la Misión 

Beber de la Palabra, lugar de encuentro con Jesucristo 


Si el objetivo central de la Misión es llevar a las personas a un verdadero encuentro con Jesucristo, el primer espacio de encuentro con El será  el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios, de Jesucristo vivo, en la Iglesia, que es nuestra casa.15.  

La proclamación alegre de Jesucristo muerto y resucitado, a quien buscamos, y al “que Dios ha constituido Señor y Mesías” (Hech 2,36), ya es encuentro con la Palabra Viva, con Jesús mismo, la Palabra que salva. 

Para entrar y permanecer en este lugar de encuentro con Cristo que es la Palabra, instrumento privilegiado de la misión, hay que destacar cinco metas particulares:  

-el fomento de la “pastoral bíblica”, entendida como “animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangelización inculturada o de proclamación de la Palabra”16;  

-la formación en la Lectio divina, o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura17, y su amplia divulgación y promoción;  

-la predicación de la Palabra, de manera que realmente conduzca al discípulo al encuentro vivo, lleno de asombro, con Cristo, y a su seguimiento en el hoy de la vida y de la historia;  

-el fortalecimiento, a la luz de la Palabra de Dios, del tesoro de la piedad popular de nuestros pueblos, “para que resplandezca cada vez más en ella “la perla preciosa” que es Jesucristo, y sea siempre nuevamente evangelizada en la fe de la Iglesia y por su vida sacramental”18. 

La presentación de la vida de los santos, en especial de la Virgen María, como páginas encarnadas del evangelio que tocan el corazón y motivan el camino del discípulo hacia Jesús y del misionero hacia la gente.  

“Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y la meditación de la Palabra: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vea que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios”19. 

Alimentarse de la Eucaristía 
Un segundo medio para la misión es la Sagrada Liturgia, en especial, los sacramentos de la Iniciación Cristiana, signos que expresan y realizan la vocación de discípulos de Jesús a cuyo seguimiento somos llamados. De forma significativa, la Eucaristía es lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. Y es, a la vez, fuente inagotable de la vocación cristiana y del impulso misionero; “allí, el Espíritu Santo fortalece la identidad del discípulo y despierta en él la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido”20. 

Dentro de este segundo medio misionero, hay que destacar cuatro metas particulares:  

Conducir, mediante la iniciación cristiana, a la incorporación viva en la comunidad, cuya fuente y cumbre es la celebración eucarística,  y dedicar tiempo y atención al seguimiento de quienes son incorporados a la comunidad;  

Cultivar en la celebración eucarística su dimensión de renovación de la Nueva y Eterna Alianza, lugar de encuentro con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con los ángeles, los santos y entre los hermanos, de ofrecimiento de la vida del discípulo, cargando con su cruz, a la vez que de envío misionero. 

-fomentar el estilo eucarístico de la vida cristiana, y recrear y promover la “pastoral del domingo”21, dándole  “prioridad en los programas pastorales”22, para un nuevo impulso a la evangelización del pueblo de Dios23;  

-en los lugares donde no sea posible la Eucaristía, fomentar la celebración dominical de la Palabra, “que hace presente el Misterio Pascual en el amor que congrega (cf. 1Jn 3, 14), en la Palabra acogida (cf. Jn 5, 24-25) y en la oración comunitaria (cf. Mt 18, 20)”24.     

Construir la Iglesia como casa y escuela de comunión 

Un tercer espacio de encuentro con Jesucristo es la vida comunitaria. “Jesús está presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno. Allí Él cumple su promesa: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20)”25. Formar comunidad implica abrazar el estilo de vida de Jesús, asumir su destino pascual con todas sus exigencias, participar en su misión, estar en actitud de permanente conversión y mantener la alegría del discípulo misionero en el servicio al Reino. 

Dentro de este tercer medio para la misión, hay que destacar cinco metas particulares:  

-fomentar la conciencia de comunión a nivel familiar para que cada hogar se convierta en una iglesia doméstica, en un santuario de la vida, donde se le valora como don de Dios y se forma en ese sentido a las personas, una verdadera escuela en la fe, un espacio en que crecen misioneros de la esperanza y de la paz; 

-formar pequeñas comunidades cristianas, abiertas y disponibles, en sus diversas formas y expresiones. Cultivar en ellas la pastoral de la acogida para que las personas experimenten su pertenencia a la Iglesia de modo personal y familiar;  

-profundizar la dimensión comunitaria a nivel parroquial, para que la parroquia sea en verdad una comunidad de comunidades26;  

-animar a las comunidades de Vida Consagrada para que busquen compartir su testimonio de comunión misionera con la gran comunidad eclesial;  

-todo esto orientado a la renovación de las estructuras pastorales, a fin de impulsar una nueva forma de ser Iglesia: más fraterna, expresión de comunión, más participativa y más misionera27. 

Servir a la sociedad, en especial, a los pobres 

Un cuarto medio de encuentro con Jesucristo y de acción misionera es el servicio a la sociedad para que nuestros pueblos tengan la vida de Cristo y, de un modo especial, el servicio a los pobres, enfermos y afligidos28 “que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo”29. 

Dentro de este cuarto medio para la misión, hay que destacar cuatro metas particulares:  

-la fraternidad con los más pobre y afligidos, hermanos nuestros en quienes nos encontramos y servimos al Señor,  y la defensa de los derechos de los excluidos30, ya que allí se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo31; 

-la renovación y fortalecimiento de la pastoral social, a fin de que exprese en signos concretos la opción preferencial por los pobres y excluidos, especialmente con las personas que viven en la calle, con los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los niños en situaciones de riesgo y los detenidos en las cárceles32; 

-la atención pastoral de los constructores de la sociedad, que tienen la misión de forjar estructuras justas, que estén al servicio de la dignidad de las personas y de sus familias; como asimismo de los comunicadores sociales, para que alienten el crecimiento de una cultura que sea manifestación del reinado de Dios. 

-el apoyo decidido a todas aquellas personas e instituciones que “dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común, algunas veces llegando a entregar la propia vida”33. 

Los medios de la misión, en su conjunto, deben ser nuestro instrumento para lograr la gran meta: impulsar la realización de la Misión Continental de tal forma que las Iglesias del continente se pongan en estado de misión. Esto significa que la acción misionera intensiva sea tan motivadora, que asuman la misión permanente como plan pastoral.   

Simultaneidad y signos compartidos 


Para ser “continental” se requiere la visibilización latinoamericana y caribeña de ciertos momentos de la acción misionera, es decir,  alguna simultaneidad y signos compartidos: 

el tríptico obsequiado por el Papa Benedicto XVI en Aparecida, acompañado de una sencilla catequesis sobre su simbología de fe; 

la oración propuesta por el mismo Papa para preparar la V Conferencia y aquella con que termina su Discurso Inaugural;  

el logo utilizado en Aparecida puede seguir siendo distintivo para los misioneros y para los subsidios que se preparen para esa labor;

a éstos signos pueden asociarse otros actos inspirados y ojalá  simultáneos relacionados con solemnidades litúrgicas, como la Encarnación o Pentecostés, o fiestas Marianas especialmente de las advocaciones de Aparecida (12.10)  y Guadalupe (12.12).     

LA PEDAGOGÍA DE LA ACCIÓN MISIÓN CONTINENTAL

5.1. Cinco aspectos de un proceso evangelizador


En el proceso de formación de los discípulos misioneros “destacamos cinco aspectos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí”: el Encuentro con Jesucristo, la Conversión, el Discipulado, la Comunión y la Misión34.

Esto implica:

-conocer las búsquedas de las personas -y los pueblos- que Dios nos confía, y llevarlas a un encuentro con Jesucristo vivo,

-que suscita una actitud de conversión,

-y la decisión de seguir los pasos de Jesús,

-para que, viviendo en común-unión con Cristo, como con-vocados por Él35, dentro de la comunión de la Iglesia, crezca y sea vivo un fuerte sentido de pertenencia eclesial,

-y un proceso de formación integral, kerigmática, permanente, procesual, diversificada y comunitaria, que contemple el acompañamiento espiritual,

-los bautizados asuman su compromiso misionero y pasen de evangelizados a evangelizadores, a fin de que el Reino de Dios se haga presente y así nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños tengan vida en Él. 

Estas dimensiones del camino podemos explicarlas con palabras que encontramos en el mismo evangelio, y que describen el proceso de encuentro, formación y envío, de quienes reciben la vocación de ser discípulos misioneros para que los pueblos tengan vida en Cristo36: 

Todo comienza con una pregunta: “¿Qué buscan?” (Jn 1, 38). Comenta el documento de Aparecida 279 a: “Quienes serán sus discípulos ya lo buscan. Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana”. (Búsqueda) 

Los discípulos, que quieren encontrarse con Cristo, le preguntan: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1. 38). Jesucristo los invita a vivir una experiencia: “Vengan y lo verán” (Jn 1, 39), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). (Encuentro) 

Encontrando a Felipe le dijo: “Sígueme”(Mt 4,19), y más tarde, junto al lago de Galilea, asombrados por la enseñanza del Maestro y por la pesca milagrosa, también Pedro, Andrés, Santiago y Juan, “dejándolo todo, le siguieron”. (Conversión y Discipulado) 

Los llamó “para que estuvieran con él” (Mc 3, 14) y “permanecieran en su amor”, formando una comunidad de discípulos, que más tarde fue conocida por su solidaridad, y por su unidad en la oración, en la fracción del pan y en la enseñanza de los apóstoles (Cfr Hechos 3, 42ss). (Comunión) 

Pero la llamada de Jesús al discipulado es inseparable de la vocación misionera. Ya en el encuentro a orillas del lago les manifiesta su propósito: “Os haré pescadores de hombres”, y cuando llama a los doce les dice explícitamente que los llama para “enviarlos a predicar” (Mc 3, 14). Y antes de ascender a los cielos, los envía “a hacer discípulos a todos los pueblos, bautizándolos ...”(Mt 28,19) . (Misión) 

Para lograr este proceso, y recuperar a personas que se han alejado “hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes”: 

“un encuentro personal con Jesucristo, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral”;  

“la vivencia comunitaria [pues] nuestros fieles buscan comunidades donde sean acogidos fraternalmente … Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsable en su desarrollo”; 

“una formación bíblica-doctrinal […] acentuadamente vivencial y comunitaria” que es necesaria para madurar la experiencia religiosa y se percibe como una “herramienta fundamental y necesaria en el conocimiento espiritual, personal y comunitario”; 

“el compromiso misionero de toda la comunidad… que sale al encuentro de los alejados, se interesa por su situación, a fin de reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella”37. 

Hay que ser concientes que sólo surgirán discípulos misioneros si en el proceso enunciado, nuestras comunidades se comprometen con la evangelización de los bautizados que no tienen conciencia de ser discípulos, acompañándolos para que puedan vivir una maduración paulatina hacia la voluntad de servicio y, así, respondan al envío que el Señor les da por medio de la Iglesia. 

En esta vivencia, la renovación de la conversión personal y pastoral de los pastores y de todos los consagrados es un elemento indispensable para que el testimonio coherente de vida sea el cimiento pedagógico fundamental. 

5.2. Caminos hacia el encuentro con Cristo 

Una auténtica propuesta de encuentro con Jesucristo debe tener en cuenta los siguientes elementos: 

Una experiencia de la presencia de Jesucristo en la vida personal y comunitaria del creyente: en la lectura meditada y eclesial de la Sagrada Escritura; en la celebración eucarística, fuente inagotable de la vocación cristiana y fuente inextinguible del compromiso misionero; en el dinamismo de una vida comunitaria, participativa y fraterna; y en el servicio a los pobres y excluidos; 

Una revalorización de la piedad popular, la cual es una “manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda”38. 

Un fortalecimiento de la presencia cercana de María, “imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo”39, a la vez que madre y educadora de discípulos misioneros de Jesucristo40;

Un rescate de los testigos del Evangelio en América, varones y mujeres que vivieron heroicamente su fe en un camino de santidad, junto a aquellos que derramaron su sangre en el martirio”41 

5.3. Pedagogía del encuentro y de la comunión

Pedagogía del encuentro: La misión debe realizarse dentro del dinamismo de la pedagogía del encuentro que puede darse de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad42. Siendo que todo pastor –lo que vale también para cada misionero- ha de reflejar al Buen  Pastor, es evidente que nuestra pastoral tiene que estar entretejida de encuentros, en la sencillez, la cordialidad, la solicitud, la escucha y el servicio a los demás. ”En este esfuerzo evangelizador, la comunidad eclesial se destaca por las iniciativas pastorales, al enviar, sobre todo entre las casas de las periferias urbanas y del interior, sus misioneros, laicos o religiosos, buscando dialogar con todos en espíritu de comprensión y de delicada caridad”43. 

Pedagogía de Comunión. Es importante realizar la misión en el continente como gran expresión de comunión. Que se manifieste la comunión con Dios en la oración unánime, implorando con María, la madre de Jesús, el Espíritu Santo, y la unidad con el Papa, entre las Conferencias Episcopales y entre las Iglesias particulares, ayudándose recíprocamente en su realización, especialmente en personal y recursos; 

“Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de las demás. La colaboración entre las Iglesias, por medio de una reciprocidad real que las prepare a dar y a recibir, es también fuente de enriquecimiento para todas y abarca varios sectores de la vida eclesial. A este respecto, es ejemplar la declaración de los Obispos en Puebla: "Finalmente, ha llegado para América Latina la hora ... de proyectarse más allá de sus propias fronteras, ad gentes. Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero debemos dar desde nuestra pobreza… La misión de la Iglesia es más vasta que la "comunión entre las Iglesias": ésta, además de la ayuda para la nueva evangelización, debe tener sobre todo una orientación con miras a la especifica índole misionera."44.  

5.4. La misión, tarea de todos y para todos

Agentes pastorales y evangelizadores 


La realización de la misión “requerirá la decidida colaboración de las Conferencias Episcopales y de cada diócesis en particular”45. 

El Obispo es el primer responsable de la misión en cada Iglesia particular y es quien debe convocar a todas las fuerzas vivas de la comunidad para este gran empeño misionero: “sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas dificultades, para la difusión de la verdad evangélica”46.  

“Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”47.  

Para los Ministros Ordenados es un gran momento de gracia que les pide renovar la comunión de los Presbíteros y Diáconos con el Obispo y de ellos entre sí. Así como el entusiasmo y la entrega al servicio del evangelio. Ellos son los portadores primeros de todo este impulso misionero y habría que sensibilizarlos especialmente en el espíritu y conversión pastoral de Aparecida. 

“La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (DA 201). 

El papel privilegiado de los laicos 

Cualquier esfuerzo misionero exige, de manera particular, la participación activa y comprometida de los fieles laicos en todas las etapas del proceso. “Hoy, toda la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en estado de misión. La evangelización del Continente, nos decía el papa Juan Pablo II, no puede realizarse hoy sin la colaboración de los fieles laicos48. Ellos han de ser parte activa y creativa en la elaboración y ejecución de proyectos pastorales a favor de la comunidad. Esto exige, de parte de los pastores, una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien, por su bautismo y su confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo. En otras palabras, es necesario que el laico sea tenido muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación”49. 

La Misión Continental debe tener especial penetración en los sectores culturales, políticos y de dirigentes sociales y económicos que identifican a nuestra sociedad globalizada. Para que esto sea posible, debemos reafirmar vigorosamente la misión peculiar y específica del laico en el mundo secular50, evitando la tentación de motivar a los laicos más comprometidos con su fe, tan sólo a involucrarse en los servicios que necesita la comunidad eclesial para formarse, sostenerse y crecer. 

La misión inestimable de la Vida Consagrada 


Para los miembros de los Institutos de Vida Consagrada, varones y mujeres que están llamados a dar un testimonio convincente de la alegría de ser pertenencia de Dios como discípulos y misioneros de Cristo, y de prodigarse generosamente al servicio de sus hijos, especialmente de los más marginados, y de manifestar en la Iglesia la multiplicidad de los dones carismáticos del Espíritu Santo, su participación en la Misión Continental, como grandes colaboradores de los Pastores, contribuirá fuertemente al despertar misionero de América Latina y del Caribe. 

Interlocutores y destinatarios 

Los destinatarios (o “interlocutores”) de la misión somos todos, comenzando por los discípulos misioneros que animan el proceso evangelizador, pero especialmente debe dirigirse a los pobres, a los que sufren y a los alejados51, e impulsar a los constructores de la sociedad a su misión cristiana de transformarla.  

Llegar hasta los más alejados debe ser siempre uno de los objetivos de la dimensión misionera de la Iglesia, utilizando los medios adecuados a cada situación. “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la construcción de su Reino en América Latina. Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las montañas y selvas de nuestra América, en todos los ambientes de la convivencia social, en los más diversos “areópagos” de la vida pública de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia, asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misión universal de la Iglesia”52.   

RECURSOS PARA LA MISIÓN 

Convocación comunitaria 


La parroquia sigue siendo una referencia fundamental en el proceso evangelizador, con sus comunidades eclesiales de base, movimientos y grupos apostólicos. La misión está llamada a ser un dinamismo permanente de gran importancia para que la parroquia se haga “parroquia misionera”.

La misión exige una convocatoria a los discípulos misioneros y a las comunidades eclesiales. En la misión se debe aprovechar el potencial educativo de la Iglesia, a través de sus escuelas e institutos de formación, valorando el dinamismo misionero de los miembros de la comunidad educativa.  

Un fenómeno importante de nuestro tiempo es la aparición y difusión de diversas formas de voluntariado misionero53, conformado en buena parte por jóvenes, quienes están dispuestos a dar tiempo y talento para la misión. Mención especial merecen los grupos y asociaciones de niños misioneros, pues esto crea una dinámica especial en las familias. Por otra parte, se considera importante la labor de los emigrantes como discípulos misioneros, quienes “están llamados a ser una nueva semilla de evangelización, a ejemplo de tantos emigrantes y misioneros que trajeron la fe cristiana a nuestra América”54.  

Formación de misioneros 

Aparecida asumió una “clara y decidida opción por la formación de los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados, cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia”55. 

La formación debe estar impregnada de espiritualidad misionera,  que es impulso del Espíritu que “motiva todas las áreas de la existencia, penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así, se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo”56. El Espíritu entreteje vínculos de comunión entre los diversas vocaciones para que realicen la única misión como miembros complementarios de un solo Cuerpo. 

Signos y gestos de cercanía y dignificación de los más pobres 

“Por eso, no puede separarse de la solidaridad con los necesitados y de su promoción humana integral: “Pero si las personas encontradas están en una situación de pobreza – nos dice aún el Papa –, es necesario ayudarlas, como hacían las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad, para que se sientan amadas de verdad. El pueblo pobre de las periferias urbanas o del campo necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz. Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio y un Obispo, modelado según la imagen del Buen Pastor, debe estar particularmente atento en ofrecer el divino bálsamo de la fe, sin descuidar el ‘pan material’”57. 

La evangelización, como acción privilegiada hacia los pobres, debemos vivirla teniendo presente que los más humildes nos evangelizan.   

CRITERIOS PARA LA MISIÓN 


Conversión personal y pastoral 

La misión exige una indispensable conversión pastoral, tanto de las personas como de las mismas estructuras de la Iglesia. Se deben reconocer las estructuras caducas y buscar las nuevas formas que exigen los cambios. “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial”58 con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera”59. 

Atención a los signos culturales: inculturación y presencia en nuevos aerópagos.  

Hay que tener en cuenta la compleja y variada realidad de nuestro continente, como es el caso de las megápolis, los ambientes suburbanos y de las grandes periferias, como asimismo de los ambientes campesinos, mineros y marítimos, sin olvidar los hospitales, los centros de rehabilitación y las cárceles, lo mismo que las peculiaridades de las Iglesias en las diversas regiones. La misión, siendo única, deberá ser al mismo tiempo diversa. Por eso, es necesario estar atentos a los signos culturales de la época, de tal manera que las nuevas expresiones y valores se enriquezcan con las buenas noticias del Evangelio de Jesucristo, logrando, “unir más la fe con la vida y contribuyendo así a una catolicidad más plena, no solo geográfica, sino también cultural”60. 

En el contexto de la acción pastoral normal 

La realización de una misión continental debe darle dinamismo a los planes pastorales vigentes, renovando las estructuras que sean necesarias. “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”61. 

“No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.

A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”62.      

Con nuevos lenguajes: comunicación 
En la misión es necesario tener muy en cuenta la cultura actual, la cual “debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia, con un lenguaje comprendido por nuestros contemporáneos. Solamente así la fe cristiana podrá aparecer como realidad pertinente y significativa de salvación. Pero, esta misma fe deberá engendrar modelos culturales alternativos para la sociedad actual”63. Esto ayudará a “comunicar los valores evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como ésta es presentada”64 y vivida. 

En la misión hay que “optimizar el uso de los medios de comunicación católicos, haciéndolos más actuantes y eficaces, sea para la comunicación de la fe, sea para el diálogo entre la Iglesia y la sociedad”65. 

Será  muy importante hacer presente el anuncio misionero en los medios de comunicación en general, así como en los espacios virtuales, cada vez más frecuentados por las nuevas generaciones. Así como en radio y televisión ya existen experiencias de programas educativos en la fe, también un portal interactivo puede ser una opción útil en el desarrollo de la misión.  

LUGARES de COMUNIÓN 

Las Conferencias Episcopales como espacios de comunión entre las Iglesias locales necesitan reavivar su identidad y misión, para apoyar especialmente a las Iglesias con menores recursos, motivando la generosidad y apertura.

Cada Diócesis necesita robustecer su conciencia misionera, saliendo al encuentro de quienes aún no creen en Cristo en el ámbito de su propio territorio y responder adecuadamente a los grandes problemas de la sociedad en la cual está inserta. Pero también, con espíritu materno, está llamada a salir en búsqueda de todos los bautizados que no participan en la vida de las comunidades cristianas66.

En la diócesis, el eje central deberá ser un proyecto orgánico de formación, aprobado por el Obispo y elaborado con los organismos diocesanos competentes, teniendo en cuenta todas las fuerzas vivas de la Iglesia particular… Se requieren, también, equipos de formación convenientemente preparados que aseguren la eficacia del proceso mismo y que acompañen a las personas con pedagogías dinámicas, activas y abiertas67. 

La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado el kerygma, quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro68. 

Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este inicio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros69. 

La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión70. 

La renovación misionera de las parroquias se impone tanto en la evangelización de las grandes ciudades como del mundo rural de nuestro continente, que nos está exigiendo imaginación y creatividad para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo. Particularmente, en el mundo urbano, se plantea la creación de nuevas estructuras pastorales, puesto que muchas de ellas nacieron en otras épocas para responder a las necesidades del ámbito rural71. 

Señalamos que es preciso reanimar los procesos de formación de pequeñas comunidades en el Continente, pues en ellas tenemos una fuente segura de vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa, y a la vida laical con especial dedicación al apostolado. A través de las pequeñas comunidades, también se podría llegar a los alejados, a los indiferentes y a los que alimentan descontento o resentimientos frente a la Iglesia72. 

En la vida y la acción evangelizadora de la Iglesia, constatamos que, en el mundo moderno, debemos responder a nuevas situaciones y necesidades. La parroquia no llega a muchos ambientes en las megápolis. En este contexto, los movimientos y nuevas comunidades son un don de Dios para nuestro tiempo, acogen a muchas personas alejadas para que puedan tener una experiencia de encuentro vital con Jesucristo y, así, recuperen su identidad bautismal y su activa participación en la vida de la Iglesia. En ellos, “podemos ver la multiforme presencia y acción santificadora del Espíritu”73. 

La opción por la Misión Continental y su finalidad de impulsar la misión permanente, otorga a los organismos e institutos misioneros una responsabilidad particularmente importante para dinamizar su labor habitual y ofrecer apoyo subsidiario a los diferentes niveles eclesiales. 

Invocación final 

Ponemos este proyecto en manos de Nuestra Señora, bajo sus advocaciones de Aparecida y de Guadalupe, conscientes de que quien le abrió el camino al Evangelio en nuestro Continente será quien inspire, ayude y proteja nuestro proyecto misionero. Ella no es sólo la primera discípula y misionera del Evangelio sino aquella que, con un corazón inmensamente materno, goza más que nadie cuando su Hijo es conocido y amado, y le va traspasando a sus nuevos hijos con el “he aquí a tu hijo” característico de su Hora pascual. 

domingo, 16 de enero de 2011

EPIFENÓMENOS DE LA MISIÓN CONTINENTAL EN LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA

La Gran Misión Continental a la que nos han llamado los Obispos de América Latina y del Caribe, en la Conferencia de Aparecida, no es otra cosa que ese compromiso personal o en comunidad, para llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los rincones del continente.
Desde que nuestros obispos se reunieron en Aparecida, Brasil, para elaborar el documento: "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida", habiendo sido inaugurada dicha Vta. conferencia del episcopado latinoamericano y del Caribe por S.S. Benedicto XVI, en ese trascendental documento se ha abordado una infinidad de temas de vital importancia para nuestra Iglesia, y se hizo un especial énfasis en la necesidad de insertar a todo cristiano en un proceso misionero de cinco etapas, a comenzar desde el encuentro (o reencuentro) con Jesucristo viviente, y a concluir (y reempezar) con una necesidad personal, la de aquel y aquélla que ha descubierto ese grande Amor, para compartirlo con los demás. Esto es la evangelización. La fe se fortalece dándola.

A partir de ese documento y buscando ser una herramienta que facilitara la lectura y la compresión del documento de Aparecida, es que surgió Misión Aparecida, y por ello proponemos: ¡Manos a la obra!, una invitación para unirse a la Gran Misión Continental que no es otra cosa que ese compromiso personal o en comunidad, para llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los rincones del continente y principalmente a nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo.

Desde ese momento hasta la fecha, se han unido a esta iniciativa 650 apostolados y 1400 misioneros, más de 2000 apóstoles de Jesucristo que como Misioneros de la Gran Misión Continental están aprovechando la oportunidad de contactar a otros discípulos para compartir testimonios, aprovechar experiencias y emprender nuevos proyectos en conjunto.

Sin embargo, creemos que el mensaje de Aparecida tiene que llegar a muchas más personas que estén decididas a pacíficamente defender su fe y trabajar por la Iglesia y por la sociedad civil (evangelización y civilización van juntas); es por ello, que nuevamente proponemos la reflexión acerca de la Misión en el documento de Aparecida, y la diócesis de Zárate-Campana ha pedido que desde allí se creen, renueven o regeneren los grupos misioneros, en especial los de jóvenes, a los fines de incorporarlos al apostolado laical misionero.

Recordemos que en el discurso de Su Santidad a los Cardenales, Arzobispos y Prelados afirmó: “(...) los cristianos en América Latina, y con ellos los de todo el mundo, están llamados ante todo a ser cada vez más "discípulos de Jesucristo".

Con este espíritu, y tal como se viene realizando ya hace varios años, durante el tiempo de verano, se intensifica la actividad misionera en la Diócesis, en especial de los grupos de jóvenes. Durante el mes de enero numerosos jóvenes de distintas comunidades han realizado experiencias de misión en distintos puntos de nuestra Iglesia particular.

De tal modo, el recientemente creado grupo de jóvenes “Natividad Joven” de la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor de Belén, de Escobar, misionó el Barrio llamado “Río Lujan” perteneciente a la jurisdicción parroquial de San Luis Gonzaga de Manzanares-Fátima (Pilar). La misión tuvo lugar entre los días 3 al 10 de enero, bajo el lema “Cristo, la alegría de nuestra vida”. Participaron de ella en torno a veinte jóvenes provenientes tanto de la comunidad parroquial de la Natividad como del Colegio Santa María de la misma localidad, con el que se va logrando una inserción del mismo en la vida pastoral. La coordinación del joven equipo misionero la tuvo a cargo el Pbro. Mauricio Aracena, quien permaneció con ellos y realizó la celebración cotidiana de la Santa Misa por las distintas intenciones de la feligresía del barrio mencionado, así como la celebración de unción de enfermos y 16 bautismos, con oportunidad de la clausura la misión. Fue importante la participación de niños y jóvenes del barrio, la visita de las casas de familia, y la participación de laicos adultos de la parroquia de San Luis Gonzaga (de la zona de Manzanares y fátima, en el partido de Pilar) y de la Natividad del Señor (de Escobar).
Es de destacar también la visita de nuestro obispo Mons. Oscar Sarlinga, quien escuchó la experiencia contada de todos y cada uno de los misioneros, y asimismo de Mons. Marcelo Monteagudo, oportunidad en la cual pudieron compartir dicha experiencia con la con la gente del lugar. El obispo Mons. Oscar hizo mención de los ejes de comunión y misionariedad de nuestro Plan Pastoral, animó a los jóvenes a seguir intensificando la actitud misionera y fundamentalmente realizó una catequesis sobre la pertenencia a la Iglesia y que la misión es fruto de ella. Ratificó también en esa oportunidad que es la fe la que ha de movernos, la fe de la Iglesia que se hace personal, que se hace "fe vivida" en el Amor, para extender el Reino de Dios, sus virtudes y valores.
Es la primera experiencia misionera de este grupo en ese lugar con la intención de proyectarla a lo largo de tres años. Durante los días de la misión los jóvenes visitaban por la mañana las casas del barrio habiendo llegado a visitar unas 33 manzanas y un total de 426 familias quienes recibieron con gran alegría la visita de los misioneros y sobre todo pidieron que se le diera continuación.

Por su parte también el Grupo Misionero del Movimiento “Santa María de la Estrella” (STAME) acudió a realizar un gesto misionero en uno de los barrios de la circunscripción parroquial de Nuestra Señora del Carmen de la ciudad de Zárate, llamado “Fátima” (en razón de contar con la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en las inmediaciones del Hogar de la Paz y la Alegría, de las Hnas. Misioneras de la Caridad). Fueron numerosos los jóvenes (en torno a 60) quienes participaron de esa experiencia que se desarrolló durante los últimos días de diciembre hasta el 7 de enero. El centro de las actividades que realizaron fue la mencionada Vicaría Nuestra Señora de Fátima, en la zona del bajo de la ciudad. Estuvieron acompañados por el P. Jorge Ritacco, quien es el asesor de dicho Movimiento, y por los sacerdotes de la comunidad y el grupo juvenil de la parroquia, y asimismo recibieron la visita del obispo Mons. Oscar Sarlinga y de Mons. Galuppo, vicario general.

Por su parte, en la ciudad de Belén de Escobar, en la jurisdicción de la parroquia de la Natividad, se ha realizado la "misión joven" en el barrio llamado “Philips” (cerca de la capilla de Santa Clara) los jóvenes de las dos parroquias de Santiago Apóstol y Nuestra Señora de Luján, de Baradero, en número cercano a 15, los cuales recorren las calles del barrio que circunda el cementerio local. Como se ha hecho alusión, la comunidad católica del lugar se congrega en la capilla de Santa Clara, lugar que fue el centro de la misión y de las actividades que se realizan. Junto con ellos está el P. Fernando Fusari, administrador parroquial de la pquia. Ntra. Sra. de Luján de Baradero. 

En lo referente a los grupos de adolescentes y jóvenes mayores de la parroquia Catedral de Santa Florentina, llevaron a cabo una misión en Villa Lía, partido de San Antonio de Areco (y jurisdicción de la parroquia de San Antonio de Padua), desde el lunes 3 de enero hasta el domingo 9 de enero. El lema fue “Ámense como Yo los he amado”. Durante estos días unos cincuenta jóvenes, acompañados por el Padre Agustín Villa, realizaron distintas actividades apostólicas.  Se alojaron en las instalaciones de la Escuela N° 13 y en los salones pertenecientes a la Capilla San José. Por  la mañana, se visitaron las casas, se informaba sobre las actividades en la Capilla, la posibilidad de recibir los sacramentos. Por la tarde, un grupo de misioneros se encargaban de trabajar con niños. Los jóvenes visitaron también el Hogar de Ancianos de la Unidad Sanitaria donde viven alrededor de veinte abuelos. Se misionó además la zona rural, donde guiados por miembros de la comunidad de la Capilla y acompañados por el sacerdote se bendijeron  casas.
Todas estas experiencias misioneras han tenido una respuesta muy favorable por parte de la gente de lugar que los recibía. Es de destacar que los días en que fueron realizadas padecieron de un clima particularmente tórrido, inusual incluso en estos tiempos de verano en estas regiones de la Argentina, y que gran parte de los jóvenes (y también de los adultos) que participaron de ellas eran gente que lo hacía por primera vez, o bien en todo caso por vez segunda. Fueron muy intensas las actividades con los niños y los numerosos sacramentos que se realizaron en ellas. La alegría ha sido reciproca tanto de las personas que fueron visitadas en sus casas o convocadas a los centros de misión al ver el rostro de una Iglesia joven con muchas entusiasmo y ganas de compartir la fe, como de los misioneros que han vivido una fuerte experiencia eclesial y de comunión con Jesucristo.



 El OBISPO LLAMA A LA MISIÓN JOVEN "DESDE EL DISCIPULADO"

Conforme al compromiso adquirido en el penúltimo encuentro diocesano de catequistas ("ser discípulo es un don destinado a crecer"), el Obispo ha pedido a los misioneros jovenes que prosigan renovadamente en el mes de febrero, y auguró que de allí surjan también vocaciones subespecíficas dentro de la Iglesia, como por ejemplo a ser catequista. Recordando su mensaje del 22 de agosto de 2009, dijo que la catequesis ha de ser vista en el proyecto pastoral diocesano y el trabajo de comunión orgánica con las otras pastorales (con aplicación concreta en las parroquias y colegios), y asimismo, en lo concerniente principalmente a la Catequesis e iniciación cristiana, ésta ha de ser vista a la luz del Documento de Aparecida, el cual, de los últimos tiempos, es el Documento por excelencia de la Misión; esto es, la catequesis asumida como misión, juntos en nuestro caminar, para que nuestro pueblo, en Cristo, tenga vida.
Es la razón por la que repropuso también nuestro recuerdo y renovado empeño en asumir renovadamente la misión continental, ante el «Tríptico de Aparecida» como catequistas del Pueblo de Dios, puesto que "la Gran Misión Continental -afirmó-, para la cual la Conferencia Episcopal Argentina ha dejado a las distintas diócesis el «acto inicial» ha tenido su lanzamiento en la diócesis de Zárate-Campana el día 9 de mayo, con oportunidad del término de la misión en Escobar, la celebración de las Fiestas Patronales diocesanas (por el 8 de mayo, día de la Virgen de Luján) y la consagración de la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, de Belén de Escobar". Es tiempo, mencionó Mons. Sarlinga de "profundizar sobre la misionariedad en la «catequesis» como aspecto principal, tanto desde la «dimensión misionera de toda la pastoral» como de los «gestos concretos de misión»".

Otros grupos de "misión joven" acompañados por adultos misionarán en distintos lugares de la diócesis durante febrero.