viernes, 28 de febrero de 2014

Nunca más el horror del Holocausto:carta del Papa al rabino de Buenos Aires


 Tomado de: http://www.news.va/

2014-01-27 Radio Vaticana
(RV).- Nunca más el horror del Holocausto: es la invocación del Papa Francisco en la Jornada de la Memoria, en una carta a su amigo, el rabino de Buenos Aires, Abraham Skorka. 
El texto se leerá esta noche en el Parque de la Música de Roma, con ocasión del Concierto “Los violines de la esperanza” - evento organizado para recordar a las víctimas del Holocausto.
 El Papa auspicia que aquellos que escuchen esta música “puedan identificarse con aquellas lagrimas históricas, que hoy llegan a nosotros a través de los violines, y sientan el fuerte deseo de comprometerse para que nunca más se repitan tales horrores, que constituyen una vergüenza para la humanidad”
El público, escribe Francisco, escuchará música de Vivaldi, Beethoven y otros grandes compositores, “pero el corazón de cada uno de los presentes – añade – sentirá que detrás del sonido de la música vive el sonido silencioso de las lágrimas históricas, lagrimas que dejan huellas en el alma y en el cuerpo de los pueblos”.
(RC-RV)

lunes, 24 de febrero de 2014

Así es el nuevo Colegio Cardenalicio

Artículo tomado de:http://www.zenit.org/

A partir de hoy, la Iglesia cuenta con 218 cardenales repartidos en los cinco continentes


Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2014 (Zenit.org) Redacción |

Esta mañana en la Basílica de San Pedro, el Santo Padre ha creado 19 nuevos cardenales para la Iglesia. De los nuevos purpurados, 3 son mayores de 80 años y por tanto no electores para un futuro cónclave. Entre los nuevos purpurados hay 8 europeos, 7 americanos, 2 africanos y 2 asiáticos, procedentes en total de 15 países diferentes.

Con las nuevas creaciones de esta mañana, el Colegio Cardenalicio está formado ahora por un total de 218 cardenales, de los cuáles 122 son electores y 96 no electores. Están representados los cinco continentes con presencia de cardenales en 68 países. Europa cuenta con 116 cardenales, América septentrional con 27, América central con 7 y América del sur con 24. El continente africano cuenta con 19 purpurados, mientras que Asia tiene 21 y Oceanía 4. El país con mayor número de cardenales es Italia, que tiene 51, entre electores y no electores. Le sigue EEUU que tiene 19 purpurados y en tercer lugar España, Alemania y Brasil que comparten el número de 10 purpurados.

Publicamos a continuación la lista de los nuevos cardenales junto al Título o la Diaconía asignados por el Santo Padre Francisco a cada uno de ellos

- Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, Título de los Santos Simón y Judas Tadeo en Torre Ángela

- Cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los obispos, Diaconía de San Anselmo en el Aventino

- Cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, Diaconía de Santa Inés en Agone

- Cardenal Beniamino Stella, prefecto de la Congregación para el Clero, Diaconia de los Santos Cosme y Damián.

- Cardenal Vincent Gerard Nichols, arzobispo de Westminster (Gran Bretaña) Título del Santísimo Redentor y San Alfonso en vía Merulana.

- Cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano,  arzobispo de Managua (Nicaragua), Título de San Joaquín en Prati di Castello.

- Cardenal Gérald Cyprien Lacroix, I.S.P.X., arzobispo de Quebec (Canadá), Título de San José en el Aurelio.

- Cardenal Jean-Pierre Kutwa, arzobispo de Abiyán (Costa de Marfil), Título de Santa Emerenciana en Tor Fiorenza.

- Cardenal Orani João Tempesta, O.Cist., arzobispo de Río de Janeiro (Brasil), Título de Santa María Madre de la Providencia en Monte Verde.

- Cardenal Gualtiero Bassetti, arzobispo de Perugia (Italia), Título de Santa Cecilia.

- Cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires (Argentina), Título de San Roberto Bellarmino.

- Cardenal Andrew Yeom Soo-Jung, arzobispo de Seúl (Corea), Título de San Crisógono.

- Cardenal Ricardo Ezzati Andrello, S.D.B., arzobispo de Santiago de Chile (Chile), Título del Santísimo Redentor en Valmelania

- Cardenal Philippe Nakellentuba Ouédraogo, arzobispo de Uagadugu (Burkina Faso), Título de Santa María Auxiliadora en el Tiburtino.

- Cardenal Orlando B. Quevedo, O.M.I., arzobispo de Cotabato (Filipinas), Título de Santa María “Regina Mundi” en Torre Spaccata.

- Cardenal Chibly Langlois, arzobispo de Les Cayes (Haití), Título de Santiago en Augusta.

Los tres nuevos cardenales mayores de 80 años, y por lo tanto no electores son

- Cardenal Loris Francesco Capovilla, arzobispo titular de Mesembria, Título de Santa María en Trastevere.

- Cardenal Fernando Sebastián Aguilar, C.M.F., arzobispo emérito de Pamplona, Título de Santa Ángela Merici.

- Cardenal Kelvin Edward Félix, arzobispo emérito de Castries, Título de Santa María de la Salud en Primavalle.

viernes, 21 de febrero de 2014

Papa Francisco pide por la paz en Ucrania

Artículo tomado de: http://www.aleteia.org/

© AFP PHOTO / POOL/ ALESSANDRO BIANCHI

La oración del Papa para Ucrania en la segunda jornada del Consistorio

ROMA (aleteia.org).  El papa Francisco abrió este viernes la segunda jornada del Consistorio Extraordinario sobre la Familia orando por Ucrania. El Papa y la asamblea demostraron su cercanía a la situación de violencia que golpea a la capital del país, Kiev, informó Radio Vaticana.

El Papa dijo en el Aula Nueva del Vaticano que envía un saludo, no solo personal, sino a "nombre de todos" (los presentes), dirigido a los “cardenales ucranianos- el cardenal Jaworski, arzobispo emérito de Leopoli, y al Cardenal Husar, arzobispo mayor emérito de Kiev - que en estos días sufren tanto y tiene tantas dificultades en su país”.

El Papa invito a la asamblea a hacer llegar un mensaje de solidaridad al pueblo de Ucrania en momentos en que la Iglesia exhorta por una solución pacifica a las protestas.

Aumentan las victimas de la violencia en Ucrania. Oleh Musiy, coordinador médico de los manifestantes, dijo a AP que al menos 70 opositores murieron el jueves y 500 sufrieron heridas. El Ministerio del Interior indicó que tres policías murieron y 28 sufrieron heridas de arma de fuego.

viernes, 7 de febrero de 2014

El Papa destaca la figura de Juan Pablo II y pide a obispos polacos que no haya divisiones

Gracias a la información de Aica
http://www.aica.org/

El Papa destaca la figura de Juan Pablo II y pide a obispos polacos que no haya divisiones


Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco recibió hoy, casi en vísperas de la canonización del beato Juan Pablo II, a los obispos de la Conferencia Episcopal de Polonia al final de su quinquenal visita “ad limina” y se refirió al próximo santo como a un “gran pastor que nos guía desde el Cielo y nos recuerda lo importante que es la comunión espiritual y pastoral entre los obispos”, e invitó a sus compatriotas a que nada ni nadie introduzca divisiones entre ellos porque están llamados “a construir la comunión y la paz enraizadas en el amor fraternal y a dar a todos un ejemplo alentador” que brindará a su pueblo “la fuerza de la esperanza”. También los exhortó a preguntarse cómo mejorar la preparación de los jóvenes para el matrimonio a fin de que “descubran la belleza de esta unión fundada en el amor y la responsabilidad” y cómo “ayudar a las familias a vivir y apreciar tanto los momentos de alegría como los de dolor y debilidad”.
-------------------------------------------   
El papa Francisco recibió hoy, casi en vísperas de la canonización del beato Juan Pablo II, a los obispos de la Conferencia Episcopal de Polonia al final de su quinquenal visita “ad limina” y se refirió al próximo santo como a un “gran pastor que nos guía desde el Cielo y nos recuerda lo importante que es la comunión espiritual y pastoral entre los obispos”, e invitó a sus compatriotas a que nada ni nadie introduzca divisiones entre ellos porque están llamados “a construir la comunión y la paz enraizadas en el amor fraternal y a dar a todos un ejemplo alentador “ que brindará a su pueblo “la fuerza de la esperanza”.
Según el Vatican Information Service (VIS), las conversaciones que el Obispo de Roma tuvo estos días con los prelados polacos confirmaron que la Iglesia en Polonia tiene “un gran potencial de fe y oración, de caridad y práctica cristiana” y esto “favorece la formación del pueblo cristiano, la práctica motivada y comprometida la disponibilidad de los laicos y religiosos a cooperar activamente en la comunidad eclesial y en las estructuras sociales”.
Sin embargo, también hay un cierto declive en varios aspectos de la vida cristiana que requieren “un discernimiento , una búsqueda de motivos y formas de afrontar nuevos retos, como - por ejemplo - la idea de la libertad sin límites, la tolerancia hostil o desconfiada de la verdad, o el malhumor por la justa oposición de la Iglesia al relativismo imperante”.
“La familia, 'lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer unos a otros y donde los padres transmiten la fe a sus hijos', debe ocupar el centro del ministerio pastoral ordinario de los obispos, también porque “hoy el matrimonio se considera a menudo una forma de gratificación emocional que se puede constituir de cualquier forma y modificar de acuerdo a la sensibilidad de cada uno. Por desgracia, esta visión también afecta a la mentalidad de los cristianos y desemboca en la facilidad para recurrir al divorcio o a la separación de hecho”, precisó.
Por eso, recordó que “los pastores están llamados a interrogarse sobre cómo ayudar a los que viven en esta situación, para que no se sientan excluidos de la misericordia de Dios, del amor fraternal de otros cristianos, ni de la solicitud de la Iglesia por su salvación”. También deben plantearse la cuestión de cómo ayudarlos “a no abandonar la fe y a hacer crecer a sus hijos en la plenitud de la experiencia cristiana”. En este ámbito hay que preguntarse igualmente cómo mejorar la preparación de los jóvenes para el matrimonio para que “descubran la belleza de esta unión fundada en el amor y la responsabilidad” y cómo “ayudar a las familias a vivir y apreciar tanto los momentos de alegría como los de dolor y debilidad”.
Con la perspectiva de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que tendrá lugar en Cracovia en 2016, el Papa piensa en los jóvenes, “que con las personas mayores son la esperanza de la Iglesia” y a los que hoy un mundo informático “proporciona nuevas oportunidades para la comunicación pero al mismo tiempo reduce las relaciones interpersonales de contacto directo, de intercambio de valores y experiencias compartidas. Sin embargo, en los corazones de los jóvenes hay una aspiración a algo más profundo, que valorice en plenitud su personalidad y hay que salir al encuentro de ese deseo”. Una buena oportunidad, en ese sentido la ofrece la catequesis a la que participan en Polonia la mayoría de los alumnos en las escuelas y alcanzan así una buena comprensión de las verdades de la fe. “La religión cristiana, sin embargo -ha subrayado Francisco- no es una ciencia abstracta, sino un conocimiento existencial de Cristo, una relación personal con Dios que es amor “.
El tercer tema del discurso del Papa fue la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada. Después de constatar que son muchos los sacerdotes polacos que ejercen su ministerio tanto en las Iglesias locales como en el extranjero y en las misiones, elogió las universidades y facultades de Teología de Polonia en las que “los seminaristas consiguen una válida preparación intelectual y pastoral... que debe ir siempre acompañada de la formación humana y espiritual”.
Pero, en el sacerdocio, “la luz del testimonio puede ofuscarse o 'esconderse debajo de un almud' si le faltara el espíritu misionero, la voluntad de 'salir' en una renovada conversión misionera para buscar - también en las periferias - y acercarse a los que esperan la Buena Nueva de Cristo. Este estilo apostólico requiere también un espíritu de pobreza, de abandono, para ser libres en el anuncio y sinceros en el testimonio de la caridad”, recordó.
Al referirse a las vocaciones a la vida consagrada, especialmente las de las mujeres, el Papa sostuvo que “preocupa la disminución de la afiliación a las congregaciones religiosas en Polonia, un fenómeno complejo cuyas causas son múltiples”. “Espero -apuntó- que los institutos religiosos femeninos sigan siendo -de forma adecuada a nuestros tiempos- lugares privilegiados de la afirmación y el crecimiento humano y espiritual de la mujer. Y las religiosas deben estar listas para hacer frente a tareas y misiones difíciles y exigentes, que valoricen sus capacidades intelectuales, afectivas y espirituales, su talentos y carismas personales”.
Francisco concluyó exhortando a la solicitud por los pobres porque también en Polonia, a pesar del actual desarrollo económico del país, “hay tantos necesitados, desempleados, personas sin hogar, enfermos, abandonados, así como muchas familias - sobre todo numerosas - sin medios suficientes para vivir y educar a sus hijos. ¡Estén cerca de ellos! Sé todo lo que en este campo hace la Iglesia en Polonia, mostrando gran generosidad no sólo en patria, sino también en otros países de todo el mundo. Les doy las gracias. Continúen alentando a todos a tener la "creatividad de la caridad " y a practicarla siempre. Y no se olviden de los que, por diversas razones dejan el país y tratan de construir una nueva vida en el extranjero. Su creciente número y sus necesidades quizás requieran más atención por parte de la Conferencia Episcopal. Acompáñelos con la atención pastoral adecuada para que puedan mantener la fe y las tradiciones religiosas del pueblo polaco”.+

lunes, 27 de enero de 2014

En la conclusión de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, el Papa preside las Vísperas en la Basílica romana de San Pablo Extramuros


Artículo tomado de: http://www.news.va/es/news/


2014-01-25 Radio Vaticana

(RV).- (Con audio y video) La tarde del 25 de enero, el Papa Francisco se trasladó a la Basílica romana de San Pablo Extramuros para presidir, en la fiesta de la conversión del Apóstol de las gentes, las Segundas Vísperas, culminando así la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año.
Este octavario comenzó el pasado día 18. Y el tema de los textos de la Semana de oración de este año fueron tomados de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios: «¿Acaso Cristo está dividido? (1 Co 1, 1-17)». Una vez más, en esta celebración, en la Basílica papal de San Pablo Extramuros, participaron los representantes de las demás Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Roma; junto al clero y los fieles de la diócesis del Papa para renovar juntos nuestra oración al Señor, fuente de la unidad.
En su homilía, el Papa comenzó diciendo: «¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1,13). La enérgica llamada de atención de san Pablo al comienzo de su Primera carta a los Corintios, que resuena en la liturgia de esta tarde, ha sido elegida por un grupo de hermanos cristianos de Canadá como guión para nuestra meditación durante la Semana de Oración de este año.

Y añadió textualmente: El Apóstol ha recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto están divididos en varias facciones. Hay quien afirma: «Yo soy de Pablo»; otros, sin embargo, declaran: « Yo soy de Apolo»; y otros añaden: «Yo soy de Cefas». Finalmente, están también los que proclaman: «Yo soy de Cristo» (cf. v. 12). Pero ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros.

En esta situación de división, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, «en nombre de nuestro Señor Jesucristo», a ser unánimes en el hablar, para que no haya divisiones entre ellos, sino que estén perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir (cf. v. 10).
Y prosiguió diciendo: Nuestras divisiones hieren su cuerpo, dañan el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo. El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II, refiriéndose al texto de san Pablo que hemos meditado, afirma de manera significativa: «Con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido». Y, por tanto, añade: «Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» (Unitatis redintegratio, 1).
Al reafirmar que Cristo no puede estar dividido. Y que esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo, el Papa Bergoglio recordó la obra de dos grandes Papas: los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II. Tanto uno como otro – dijo – fueron madurando durante su vida la conciencia de la urgencia de la causa de la unidad y, una vez elegidos a la Sede de Pedro, han guiado con determinación a la grey católica por el camino ecuménico.
El papa Juan, abriendo nuevas vías, antes casi impensables. El papa Juan Pablo, proponiendo el diálogo ecuménico como dimensión ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono también al papa Pablo VI, otro gran protagonista del diálogo, del que recordamos precisamente en estos días el quincuagésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras.
Y añadió: La obra de estos predecesores míos ha conseguido que el aspecto del diálogo ecuménico se haya convertido en una dimensión esencial del ministerio del Obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entendería plenamente el servicio petrino sin incluir en él esta apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo. También podemos decir que el camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Señor nos ha permitido hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el diálogo ecuménico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que él quiere.
En este ambiente de oración por el don de la unidad, el Papa Francisco saludó cordial y fraternalmente al Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales presentes esta tarde en la Basílica de San Pablo Extramuros.
Y concluyó con estas palabras: Queridos hermanos y hermanas, oremos al Señor Jesús, que nos ha hecho miembros vivos de su Cuerpo, para que nos mantenga profundamente unidos a él, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos, y a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (cf. Rm 5, 5 ). Amén.

Texto completo de la homilía del Santo Padre Francisco

«¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1,13). La enérgica llamada de atención de san Pablo al comienzo de su Primera carta a los Corintios, que resuena en la liturgia de esta tarde, ha sido elegida por un grupo de hermanos cristianos de Canadá como guión para nuestra meditación durante la Semana de Oración de este año.
El Apóstol ha recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto están divididos en varias facciones. Hay quien afirma: «Yo soy de Pablo»; otros, sin embargo, declaran: « Yo soy de Apolo»; y otros añaden: «Yo soy de Cefas». Finalmente, están también los que proclaman: «Yo soy de Cristo» (Cf. v. 12). Pero ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros.
En esta situación de división, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, «en nombre de nuestro Señor Jesucristo», a ser unánimes en el hablar, para que no haya divisiones entre ellos, sino que estén perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir (Cf. v. 10). Pero la comunión que el Apóstol reclama no puede ser fruto de estrategias humanas. En efecto, la perfecta unión entre los hermanos sólo es posible cuando se remiten al pensar y al sentir de Cristo (Cf. Flp 2, 5). Esta tarde, mientras estamos aquí reunidos en oración, nos damos cuenta de que Cristo, que no puede estar dividido, quiere atraernos hacia sí, hacia los sentimientos de su corazón, hacia su abandono total y confiado en las manos del Padre, hacia su despojo radical por amor a la humanidad. Sólo él puede ser el principio, la causa, el motor de nuestra unidad.
Cuando estamos en su presencia, nos hacemos aún más conscientes de que no podemos considerar las divisiones en la Iglesia como un fenómeno en cierto modo natural, inevitable en cualquier forma de vida asociativa. Nuestras divisiones hieren su cuerpo, dañan el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo. El Decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II, refiriéndose al texto de san Pablo que hemos meditado, afirma de manera significativa: «Con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido». Y, por tanto, añade: «Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» (Unitatis redintegratio, 1). ¡Todos nosotros hemos sido dañados por las divisiones! ¡Ninguno de nosotros queremos llegar a ser un escándalo! Y por esto todos nosotros caminamos juntos, fraternamente, por el camino hacia la unidad, también haciendo unidad en el caminar, esa unidad que viene del Espíritu Santo y que nos lleva a una singularidad especial, que sólo el Espíritu Santo puede hacer: esa diversidad reconciliada. ¡El Señor nos espera a todos, nos acompaña a todos: está con todos nosotros en este camino de la unidad!
Queridos amigos, Cristo no puede estar dividido. Esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo. Me es grato recordar en este momento la obra de dos grandes Papas: los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II. Tanto uno como otro fueron madurando durante su vida la conciencia de la urgencia de la causa de la unidad y, una vez elegidos como Obispos de Roma, han guiado con determinación a la grey católica por el camino ecuménico. El Papa Juan, abriendo nuevas vías, antes casi impensables. El Papa Juan Pablo, proponiendo el diálogo ecuménico como dimensión ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono también al Papa Pablo VI, otro gran protagonista del diálogo, del que recordamos precisamente en estos días el quincuagésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras.
La obra de estos predecesores míos ha conseguido que el aspecto del diálogo ecuménico se haya convertido en una dimensión esencial del ministerio del Obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entendería plenamente el servicio petrino sin incluir en él esta apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo. También podemos decir que el camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Señor nos ha permitido hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el diálogo ecuménico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que él quiere. ¡Y caminar juntos ya es hacer unidad!

En este ambiente de oración por el don de la unidad, quisiera saludar cordial y fraternalmente a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales que esta tarde han venido aquí. Con estos dos hermanos, en representación de todos, hemos rezado en el Sepulcro de Pablo y hemos dicho entre nosotros: “¡Oramos para que Él nos ayude en este camino, en este camino de la unidad, el amor, haciendo camino de unidad!”. La unidad no vendrá como un milagro al final: la unidad viene en el camino, la hace el Espíritu Santo en el camino. Si nosotros no caminamos juntos, si nosotros no rezamos unos por otros, si nosotros no trabajamos en tantas cosas que podemos hacer en este mundo por el Pueblo de Dios, ¡la unidad no vendrá! Se hace en este camino, en cada paso, y no la hacemos nosotros: la hace el Espíritu Santo, que ve nuestra buena voluntad.
Queridos hermanos y hermanas, oremos al Señor Jesús, que nos ha hecho miembros vivos de su Cuerpo, para que nos mantenga profundamente unidos a él, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos, ¡y recordemos que la unidad siempre es superior al conflicto! Y nos ayude a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (Cf. Rm 5, 5). Amén.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

sábado, 25 de enero de 2014

Homilía del viernes: Hacer las paces con los demás con humildad cuando reñimos

Artículo tomado de: https://www.facebook.com/news.va.es


No es fácil construir el diálogo con los demás, especialmente si nos divide el rencor. Pero el cristiano busca siempre el camino de escucha y reconciliación, con humildad y docilidad, porque eso es lo que nos ha enseñado Jesús. Fue en síntesis el pensamiento del Papa Francisco en su homilía durante la Misa de la mañana en la Casa de Santa Marta.

Me rompo, pero no me doblego, afirma un cierto dicho popular. Me doblego para no romperme, sugiere la sabiduría cristiana. Dos modos de entender la vida: el primero, con su dureza, fácilmente destinado a levantar muros de incomunicación entre las personas, hasta la degeneración del odio. El segundo, proclive a tender puentes de comprensión, también después de un altercado o una discusión. Pero, advirtió Francisco, a condición de buscar y practicar la humildad”.

La homilía de hoy en Santa Marta fue la continuación de la de ayer. Al centro de la lectura litúrgica y de la reflexión del Papa, nuevamente el enfrentamiento entre el Rey Saúl y David. El segundo tiene ocasión de matar al primero pero, observó el Santo Padre, escoge “otro camino: el camino de acercarse, de esclarecer la situación, de explicarse. El camino del diálogo para hacer la paz”:

“Para dialogar es necesaria la docilidad, sin gritar. Es necesario pensar que la otra persona tiene más que yo, y David lo pensaba: ‘Él es el ungido del Señor, es más importante que yo’. La humildad, la docilidad… Para dialogar, es necesario hacer lo que hoy hemos pedido en la oración, al inicio de la Misa: darse todo a todos. Humildad, docilidad, darse todo a todos; todos sabemos que para hacer esto es necesario tragarse tantas cosas. Pero, debemos hacerlo, porque la paz se consigue así: con la humildad, la humillación, buscando siempre ver en el otro la imagen de Dios”.

“Dialogar es difícil”, reconoció el Obispo de Roma. Pero peor que intentar construir un puente con un adversario es dejar crecer en el corazón el rencor hacia él. De esta manera, afirmó, nos quedamos “aislados en este caldo amargo de nuestro resentimiento”.

Un cristiano, en cambio, tiene como modelo a David, que vence el odio con “un acto de humildad”: “Humillarse, y siempre construir puentes, siempre. Siempre. Y esto es ser cristiano. No es fácil. No es fácil. Jesús lo hizo: se humilló hasta el final, nos hizo ver el camino. Y es necesario que no pase mucho tiempo: cuando existe un problema, lo más pronto posible, en el momento en el que se pueda hacer, después de que la tormenta ha pasado, hay que tratar de acercarse al otro con el diálogo, porque el tiempo hace crecer el muro, así como hace crecer la mala hierba que impide el crecimiento del grano. Y cuando los muros crecen es muy difícil la reconciliación: ¡es muy difícil!”.

No es un problema si “alguna vez los platos vuelan” – “en familia, en las comunidades, entre los vecinos” – repitió el Papa. Lo importante es “buscar la paz lo más pronto posible”, con una palabra, un gesto. Un puente antes que un muro, como aquel que por tantos años dividió Berlín. Porque “también, en nuestro corazón – dice Papa Francesco – existe la posibilidad de convertirse en Berlín con un muro que nos separe de los demás”:

“Yo tengo miedo de estos muros, de estos muros que crecen cada día y favorecen los resentimientos. También el odio. Pensemos en este joven David: habría perfectamente podido vengarse, habría podido echar al rey y eligió el camino del diálogo, con la humildad, la mansedumbre, la dulzura. Hoy, podemos pedir a San Francisco de Sales, Doctor de la dulzura, que nos dé a todos nosotros la gracia de hacer puentes con los demás, jamás muros”.

lunes, 6 de enero de 2014

El Papa anuncia su viaje a Amman, Belén y Jerusalen

La Navidad nos revela el amor inmenso de Dios por la humanidad

 

viernes, 3 de enero de 2014

Ángel Sanz Briz, el Ángel de Budapest

 Tomado de: http://www.aleteia.org/es/

El ingenio del Schindler español para salvar judíos

Ángel Sanz Briz, embajador en Bucarest en 1944, urdió un plan para rescatar a más de 5.200 hebreos del exterminio nazi


“A lo largo de su carrera, mi padre siempre nos decía: lo que tuve el privilegio de hacer en Budapest, es lo más importante que he hecho en mi vida”. Así lo desvelaba su hija Adela de su padre, Ángel Sanz Briz, el diplomático español que salvó del exterminio a más de 5.200 judíos cuando comandaba en 1944 la Embajada española en Budapest. La ciudad estaba ocupada por los nazis y, viendo su final, querían acabar el holocausto de los hebreos y otras etnias con el que habían asolado Europa.

Reconocido posteriormente como “El Ángel de Budapest”, este Schindler español vio la luz en Zaragoza el 28 de septiembre de 1910 de una familia de militares y comerciantes. Estudió Derecho y accedió a la Escuela Diplomática en 1943. Previamente, con el comienzo de nuestra contienda civil, se alistó voluntariamente en el ejército de Franco para acabar en El Cairo tras la resolución del conflicto, que fue su primer destino diplomático. En 1942 abandonó la capital egipcia para engrosar la legación húngara. Llegaba recién casado y asistió al ocaso sangriento del nazismo, contemplando como eran deportados multitud de judíos húngaros a los campos de exterminio para ejecutar la Solución final de Hitler. Todo esto hería la humanidad del cristiano Sanz Briz que hacia gestiones para taponar, aunque fuera débilmente, esa hemorragia de seres humanos hacia las cámaras de gas.

El decreto salvador

Primeramente, junto con el embajador Miguel Ángel de Muguiro, consulta con Madrid las actuaciones a llevar a cabo, pero no tuvo respuesta. En este sentido, había un precedente con el secretario de la embajada en Berlín, Federico Olivar, que había solicitado también apoyo al Ministerio de Asuntos Exteriores para ayudar a los judíos.

De Muguiro rescata un viejo decreto de Primo de Rivera de 1924 que permitía conceder la nacionalidad española a los descendientes de los sefardíes expulsados de España por los Reyes Católicos, con el que tramita el desplazamiento de más de 500 niños a Tánger antes de que fueran exterminados. Los alemanes desconocían que esta ley fue derogada por la Segunda República en 1931, pero cursaron su disgusto a Madrid por la maniobra del embajador español, por lo que tuvo que abandonar la legación y Sanz Briz se convierte en su responsable principal.

Junto con Giorgio Perlasca (de quién se hizo la película El cónsul Perlasca), a quien Sanz Briz nacionaliza y ficha para la Embajada, decide perfeccionar el plan para continuar con la salvación de los judíos. En éste entran en juego los contactos con diplomáticos de otros países, como el embajador sueco Raoul Wallenberg, quien fue a Budapest con la misión de salvar judíos (a él se le atribuye la vida de unos 40.000). Sanz Briz cooperó también con el nuncio apostólico Angelo Rota, el cónsul suizo Carl Lutz y muchos otros diplomáticos que mantenían una red clandestina de salvamento.

Genio aragonés
Briz envió al gobernador nazi Adolf Eichmann una jugosa donación de dinero para salvaguardar la seguridad física de los españoles por parte de las SS y obtener visados para los sefardíes. Los nazis concedieron 200 salvoconductos y Briz y su organización los multiplicaron por más de 5.200.

Años más tarde el diplomático zaragozano narró este “extraño” crecimiento al convertir las dos centenas para individuos en otras tantas  para familias, pues se descompuso la numeración de cada documento en varias letras del abecedario, con lo que se ampliaba enormemente la cantidad de beneficiados, la mayoría de ellos no eran descendientes de sefardíes. El único requisito era no superar el número 200.

Con la vorágine nazi por el curso opuesto de la guerra para sus intereses y por el maléfico afán de acabar con el mayor número de judíos, el diplomático tuvo que alquiler alojamientos para cobijar, alimentar y atender médicamente a los que facilitaba documentos la organización. Recluidos en los lugares la mayor parte del tiempo, los refugiados esperaban sólo los medios de transporte que les llevaran a un país seguro, de cuyos trámites se encargaba Briz, Perlasca y el resto de la red que habían establecido.

Nuevos destinos
De regreso a España, el aragonés no recibió ninguna felicitación ni censura por su labor. Entre 1946 y 1960 estuvo al frente de varias embajadas, legaciones y consulados, entre ellas, la de Lima, Berna, Vaticano y Bayona. En 1960, fue nombrado embajador en Guatemala, donde recibió la Gran Cruz de la Orden del Quetzal. En 1962, fue destinado a Estados Unidos, donde desempeñó el cargo de cónsul general en Nueva York. Años más tarde, en la Embajada de Holanda, le concedieron la Gran Cruz de la Orden de Orange-Nassau. A continuación, pasó unos años en Bélgica, y en 1973 se estableció en China para ser el primer embajador español en Pekín, ante el régimen de Mao Tse-Thung. Su último destino fue el Vaticano, en 1976, como embajador de España ante la Santa Sede, donde le concedieron la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio Magno.
En este último destino romano, Ángel Sanz Briz muere en 1980 unos meses antes de cumplir setenta años. Los sefarditas, utilizando su nombre de pila, le pusieron el sobrenombre de “Ángel de Budapest”. En 1991, los herederos de Briz recibieron el título de “Justo entre las Naciones” de manos del Museo del Holocausto Yad Vashem, de Israel, y reconoció su benefactora y desinteresada acción, inscribiendo su nombre en el memorial del Holocausto junto a otros héroes, como el sueco Wallenberg y el alemán Schindler.

Otros españoles “salvajudíos”
El Muro de Honor del Jardín de los Justos en Jerusalén contiene los nombres de unas 22.000 personas a las que reconocen el mérito de haber salvado a hebreos. Ningún español fue incluido antes de que nuestro país estableciera relaciones diplomáticas con Israel, pero posteriormente fueron reconocidos, además de Sanz Briz, José Ruiz Santaella, agregado de la Embajada española en Berlín, y su mujer Carmen Schrader. En octubre de 2007, lo fue Eduardo Propper de Callejón (1895-1972), que como diplomático en París ayudó a escapar a miles de judíos franceses.
En 2008, la Fundación Raoul Wallenberg propuso para Justos entre las Naciones a otros tres diplomáticos españoles: Julio Palencia, Bernardo Rolland de Miota y Sebastián Romero Radigales.
En 2001, Berndt Rother (Franco y el Holocausto) estimaba entre 20.000 y 35.000 los judíos que salvaron su vida gracias a actuaciones de españoles.

martes, 31 de diciembre de 2013

Concluimos el año del Señor 2013 agradeciendo y pidiendo perdón, dice el Papa al celebrar las primeras vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios



2013-12-31 Radio Vaticana
(RV).- A las cinco de la tarde el Papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro las primeras vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, con la adoración y bendición Eucarística. Se trató de la última celebración del año 2013, en acción de gracias a Dios y para invocar a María Santísima a fin de que el nuevo año civil 2014 lo comencemos en el Nombre del Señor.
Al término de la celebración el Obispo de Roma fue a la Plaza de San Pedro para detenerse en oración ante el Pesebre y saludar a los numerosos fieles y peregrinos allí reunidos.
En su homilía, el Papa comenzó recordando que el apóstol Juan define el tiempo presente de modo preciso: “Ha llegado la última hora”. Y explicó que esta afirmación - que se lee en la Misa del 31 de diciembre – significa que con la llegada de Dios en la historia estamos ya en los tiempos “últimos”, después de los cuales, el paso final, será la segunda y definitiva venida de Cristo.
Esta tarde, dijo el Papa al final de su homilía, concluimos el año del Señor 2013 agradeciendo y pidiendo perdón. Agradecemos por todos los beneficios que el Señor nos ha dispensado y, sobre todo, por su paciencia y fidelidad, que se manifiestan en la sucesión de los tiempos, pero de modo particular en la plenitud del tiempo, cuando “Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer”. Que la Madre de Dios, en cuyo nombre mañana iniciaremos un nuevo tramo de nuestro peregrinaje terrenal, nos enseñe a acoger al Dios hecho hombre, para que cada año, cada mes, cada día esté colmado de su eterno Amor.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto completo de la homilía del Santo Padre Francisco:

El apóstol Juan define el tiempo presente en modo preciso: “ha llegado la última hora”, 1 Jn 2, 18. Esta afirmación – que se lee en la Misa del 31 de diciembre – significa que con la llegada de Dios en la historia estamos ya en los tiempos “últimos”, luego de los cuales, el paso final será la segunda y definitiva venida de Cristo. Naturalmente aquí se habla de la calidad del tiempo, no de su cantidad. Con Jesús ha llegado la “plenitud” del tiempo, plenitud de significado y plenitud de salvación. Y no habrá más una nueva revelación, sino la manifestación plena de aquello que Jesús ha ya revelado. En este sentido estamos en la “última hora”, cada momento de nuestra vida es definitivo y cada acción nuestra está cargada de eternidad; de hecho, la respuesta que damos hoy a Dios que nos ama en Jesucristo, incide en nuestro futuro.
La visión bíblica y cristiana del tiempo y de la historia no es cíclica, sino lineal: es un camino que va hacia un cumplimiento. Un año que ha pasado, por lo tanto, no nos lleva a una realidad que termina sino a una realidad que se cumple, es un ulterior paso hacia la meta que está delante de nosotros: una meta de esperanza y una meta de felicidad, porque encontraremos a Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra alegría.
Mientras el año 2013 llega a su final, recogemos, como en un cesto, los días, las semanas, los meses que hemos vivido, para ofrecer todo al Señor. Y preguntémonos, con coraje: ¿cómo hemos vivido el tiempo que Él nos ha donado? ¿Lo hemos usado sobre todo para nosotros mismos, para nuestros intereses, o hemos sabido gastarlo también en los otros? ¿Cuánto tiempo hemos reservado para “estar con Dios”, en la oración, en el silencio, en la adoración?
Y pensemos también en nosotros, ciudadanos romanos, pensemos en esta ciudad de Roma. ¿Qué ha sucedido este año? ¿Qué está sucediendo, y qué cosa sucederá? ¿Cómo es la calidad de la vida en esta Ciudad? ¡Depende de todos nosotros! ¿Cómo es la calidad de nuestra “ciudadanía”? ¿Hemos contribuido este año, en nuestra medida, a hacerla habitable, ordenada, acogedora? En efecto, el rostro de una ciudad es como un mosaico cuyas piezas son todos los que la habitan. Cierto, quien inviste una autoridad tiene mayor responsabilidad, pero cada uno es corresponsable, en el bien y en el mal.
Roma es una ciudad de una belleza única. Su patrimonio espiritual y cultural es extraordinario. Sin embargo, también en Roma hay tantas personas marcadas por miserias materiales y morales, personas pobres, infelices, sufrientes, que interpelan la conciencia no sólo de los responsables públicos, sino de cada ciudadano. En Roma tal vez sintamos más fuerte este contraste entre el entorno majestuoso y lleno de belleza artística, y el malestar social de aquellos a los que les cuesta más.
Roma es una ciudad llena de turistas, pero también colmada de refugiados. Roma está llena de gente que trabaja, pero también de personas que no encuentran trabajo o que desarrollan trabajos mal pagados y a veces indignos; y todos tienen el derecho de ser tratados con la misma actitud de acogida y equidad, porque cada uno es portador de dignidad humana.
Es el último día del año. ¿Qué haremos, como nos comportaremos en el próximo año, para hacer un poco mejor nuestra Ciudad? La Roma del nuevo año tendrá un rostro aún más bello si será más rica de humanidad, hospitalidad, acogida; si todos nosotros somos más atentos y generosos con quien está en dificultad; si sabemos colaborar con espíritu constructivo y solidario, para el bien de todos. La Roma del nuevo año será mejor si no habrá personas que la miran “desde lejos”, “en postales”, que miran su vida solamente desde el balcón, sin involucrarse en tantos problemas humanos, problemas de hombres y mujeres que al final… y desde el principio, lo queramos o no, son nuestros hermanos. En esta perspectiva, la Iglesia de Roma se siente comprometida a dar su propia contribución a la vida y al futuro de la Ciudad, ¡pero es su deber! Se siente comprometida a animarla con la levadura del Evangelio, a ser signo e instrumento de la misericordia de Dios.
Esta tarde concluimos el año del Señor 2013 agradeciendo y pidiendo perdón. Dos cosas juntas: agradecer y pedir perdón. Agradecemos por todos los beneficios que el Señor nos ha dispensado, y sobre todo por su paciencia y fidelidad, que se manifiestan en la sucesión de los tiempos, pero de modo particular en la plenitud del tiempo, cuando “Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer”, Gal 4, 4. Que la Madre de Dios, en cuyo nombre mañana iniciaremos un nuevo tramo de nuestro peregrinaje terrenal, nos enseñe a acoger al Dios hecho hombre, para que cada año, cada mes, cada día esté colmado de su eterno Amor. Así sea.

(Traducción de Griselda Mutual y Mariana Puebla – RV).

sábado, 28 de diciembre de 2013

La Paz es "artesanal".

Releamos, profundicemos, porque lo merece:
http://www.news.va/it/news/la-pace-e-artigianale

La pace è artigianale

2013-12-27 L’Osservatore Romano

Rilegge, Papa Francesco, alcune tra le pagine più tristi dell’anno che sta per concludersi, prima di invocare sulla Città e sul mondo il dono della pace. Una pace, dice, che deve essere frutto dell’impegno comune di tutti gli uomini, senza distinzione alcuna.

Anche in occasione del suo primo messaggio urbi et orbi si affaccia, ed è la terza volta, alla Loggia della Benedizione nella semplicità della sua talare bianca e pronuncia parole forti. Ricorda a tutti che la pace non è un equilibrio tra «forze contrarie» né una «bella facciata dietro alla quale ci sono contrasti e divisioni». La pace è un impegno di tutti i giorni, per costruire la quale è necessario il lavoro di tutti gli uomini uniti in un’opera di raffinato artigianato.

Non a caso dice forte «la pace è artigianale», proprio perché deve essere forgiata quasi a mani nude. Mani, ripete, scaldate «dalla tenerezza di Dio». E bisogna cercare le mani di Dio, le sue carezze che «non fanno ferite» ma che danno proprio «pace e forza».
Stare insieme per costruire la pace. Sembra essere la parola d’ordine di questo Natale 2013. Già nella messa della vigilia Papa Francesco aveva rinnovato l’invito a camminare insieme per illuminare con la luce di Dio il futuro dell’umanità. Ma camminare insieme, aveva precisato, non vuol dire trasformarsi in popolo errante: significa piuttosto andare incontro a Gesù, ha detto, affinché egli ci conduca nella terra promessa.

Un cammino certamente difficile, segnato da tappe dolorose. Il Pontefice ha ricordato le più drammatiche: la sofferenza del popolo siriano; quella «spesso dimenticata» della Repubblica Centroafricana; le vittime del Sud Sudan sconvolto da lotte intestine; quelle causate dall’intolleranza religiosa in tanti, troppi Stati del mondo. A soffrirne di più, ha notato il Pontefice, sono i cristiani, costretti a subire accuse ingiuste sino a divenire oggetti di violenze e discriminazioni. E sono tanti «più numerosi che nei primi tempi della Chiesa» ha detto ancora una volta il Papa. Bisogna pregare per loro. Ma non basta. È necessario che si prenda coscienza dell’urgenza di assicurare a tutti i credenti il diritto alla libertà di religione ma non solo sulla carta: in tanti Paesi che proclamano di garantirla «specialmente i cristiani — è stata la denuncia del Papa — incontrano limitazioni e discriminazioni».

miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Hagamos nuestro el deseo de la Paz", augurio de Francisco al Mundo

Artículo tomado de: http://www.news.va/es/news/

2013-12-25 Radio Vaticana

(RV).- (Con audio)  Puntualmente al mediodía del miércoles 25 de diciembre el Obispo de Roma se asomó al balcón central de la Basílica de San Pedro (conocido como balcón de las bendiciones) para saludar e impartir su bendición a todo el mundo. “Hoy ha nacido el Salvador, Cristo el Señor”, proclamó Francisco. "No pasemos de largo ante el Niño de Belén. Dejemos que nuestro corazón se conmueva, se enardezca con la ternura de Dios; necesitamos sus caricias. El amor de Dios es grande; a Él la gloria por los siglos". Recordándonos los actuales conflictos en diversas partes del planeta, el Papa insistió en que Dios es nuestra paz: "pidámosle que nos ayude a construirla cada día, en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras ciudades y naciones, en el mundo entero. Dejémonos conmover por la bondad de Dios". Deseando a todos una feliz Navidad, el Santo Padre pidió que Jesús, que vino a este mundo por nosotros, consuele a los que pasan por la prueba de la enfermedad y el sufrimiento y sostenga a los que se dedican al servicio de los hermanos más necesitados.
Texto completo del Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco
«Gloria a Dios en el cielo,y en la tierra paz a los hombres que Dios ama » (Lc 2,14).
Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero, ¡feliz Navidad!Hago mías las palabras del cántico de los ángeles, que se aparecieron a los pastores de Belén la noche de la Navidad. Un cántico que une cielo y tierra, elevando al cielo la alabanza y la gloria y saludando a la tierra de los hombres con el deseo de la paz.
Les invito a todos a hacer suyo este cántico, que es el de cada hombre y mujer que vigila en la noche, que espera un mundo mejor, que se preocupa de los otros, intentado hacer humildemente su proprio deber.Gloria a Dios.
A esto nos invita la Navidad en primer lugar: a dar gloria a Dios, porque es bueno, fiel, misericordioso. En este día mi deseo es que todos puedan conocer el verdadero rostro de Dios, el Padre que nos ha dado a Jesús. Me gustaría que todos pudieran sentir a Dios cerca, sentirse en su presencia, que lo amen, que lo adoren. Y que todos nosotros demos gloria a Dios, sobre todo, con la vida, con una vida entregada por amor a Él y a los hermanos.
Paz a los hombres.La verdadera paz no es un equilibrio de fuerzas opuestas. No es pura “fachada”, que esconde luchas y divisiones. La paz es un compromiso cotidiano, que se logra contando con el don de Dios, con la gracia que nos ha dado en Jesucristo.
Viendo al Niño en el Belén, pensemos en los niños que son las víctimas más vulnerables de las guerras, pero pensemos también en los ancianos, en las mujeres maltratadas, en los enfermos… ¡Las guerras destrozan tantas vidas y causan tanto sufrimiento!Demasiadas ha destrozado en los últimos tiempos el conflicto de Siria, generando odios y venganzas. Sigamos rezando al Señor para que el amado pueblo sirio se vea libre de más sufrimientos y las partes en conflicto pongan fin a la violencia y garanticen el acceso a la ayuda humanitaria. Hemos podido comprobar la fuerza de la oración. Y me alegra que hoy se unan a nuestra oración por la paz en Siria creyentes de diversas confesiones religiosas. No perdamos nunca la fuerza de la oración. La fuerza para decir a Dios: Señor, concede tu paz a Siria y al mundo entero.
Concede la paz a la República Centroafricana, a menudo olvidada por los hombres. Pero tú, Señor, no te olvidas de nadie. Y quieres que reine la paz también en aquella tierra, atormentada por una espiral de violencia y de miseria, donde muchas personas carecen de techo, agua y alimento, sin lo mínimo indispensable para vivir. Que se afiance la concordia en Sudán del Sur, donde las tensiones actuales ya han provocado víctimas y amenazan la pacífica convivencia de este joven Estado.Tú, Príncipe de la paz, convierte el corazón de los violentos, allá donde se encuentren, para que depongan las armas y emprendan el camino del diálogo. Vela por Nigeria, lacerada por continuas violencias que no respetan ni a los inocentes e indefensos. Bendice la tierra que elegiste para venir al mundo y haz que lleguen a feliz término las negociaciones de paz entre israelitas y palestinos. Sana las llagas de la querida tierra de Iraq, azotada todavía por frecuentes atentados.
Tú, Señor de la vida, protege a cuantos sufren persecución a causa de tu nombre. Alienta y conforta a los desplazados y refugiados, especialmente en el Cuerno de África y en el este de la República Democrática del Congo. Haz que los emigrantes, que buscan una vida digna, encuentren acogida y ayuda. Que no asistamos de nuevo a tragedias como las que hemos visto este año, con los numerosos muertos en Lampedusa.Niño de Belén, toca el corazón de cuantos están involucrados en la trata de seres humanos, para que se den cuenta de la gravedad de este delito contra la humanidad. Dirige tu mirada sobre los niños secuestrados, heridos y asesinados en los conflictos armados, y sobre los que se ven obligados a convertirse en soldados, robándoles su infancia.
Señor, del cielo y de la tierra, mira a nuestro planeta, que a menudo la codicia y el egoísmo de los hombres explota indiscriminadamente. Asiste y protege a cuantos son víctimas de los desastres naturales, sobre todo al querido pueblo filipino, gravemente afectado por el reciente tifón.Queridos hermanos y hermanas, en este mundo, en esta humanidad hoy ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. No pasemos de largo ante el Niño de Belén. Dejemos que nuestro corazón se conmueva, se enardezca con la ternura de Dios; necesitamos sus caricias. El amor de Dios es grande; a Él la gloria por los siglos. Dios es nuestra paz: pidámosle que nos ayude a construirla cada día, en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras ciudades y naciones, en el mundo entero. Dejémonos conmover por la bondad de Dios.
Saludo navideño del Papa Francisco
A todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, venidos de todas partes del mundo a esta Plaza, y a cuantos desde distintos países se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social, les deseo Feliz Navidad. En este día, iluminado por la esperanza evangélica que proviene de la humilde gruta de Belén, pido para todos ustedes el don navideño de la alegría y de la paz: para los niños y los ancianos, para los jóvenes y las familias, para los pobres y marginados. Que Jesús, que vino a este mundo por nosotros, consuele a los que pasan por la prueba de la enfermedad y el sufrimiento y sostenga a los que se dedican al servicio de los hermanos más necesitados. ¡Feliz Navidad!
(RC-RV)

“Nuestra identidad como creyentes es la de peregrinos hacia la tierra prometida. El Señor acompaña siempre esta historia”, el Papa en la misa de Nochebuena


Artículo tomado de: http://www.news.va/es/news/

el Papa en la misa de Nochebuena

2013-12-25 Radio Vaticana

(RV).- (Audio de la crónica radial y video) La noche del martes en una Basílica de San Pedro repleta de fieles, el Papa Francisco celebró la primera misa de gallo de su pontificado. El Obispo de Roma empezó su homilía citando la profecía de Isaías «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1): conmovedora, especialmente en esta Noche de Navidad. Nos conmueve, observó el Papa, porque dice la realidad de lo que somos: un pueblo en camino, y a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– hay tinieblas y luces. Y en esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se renueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz. Una luz que nos invita a reflexionar en este misterio: misterio de caminar y de ver.
El Pontífice reflexionó asimismo sobre nuestra identidad como creyentes, que es la de peregrinos hacia la tierra prometida. El Señor acompaña siempre esta historia. También en nuestra historia personal se alternan momentos luminosos y oscuros, luces y sombras. Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz, pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera.
La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero, reflexionó Francisco, notando además que Él ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. Los pastores fueron los primeros que vieron esta “tienda”, que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús. Fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados. Y fueron los primeros porque estaban en vela aquella noche, guardando su rebaño. Que en esta Noche compartamos la alegría del Evangelio: Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como nuestro hermano, como luz para nuestras tinieblas.
“No teman”, repitió Francisco a todos. “Nuestro Padre tiene paciencia con nosotros, nos ama, nos da a Jesús como guía en el camino a la tierra prometida. Él es la luz que disipa las tinieblas. Él es nuestra paz”.
(RC-RV)

Texto completo de la homilía del Papa Francisco

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1).

Esta profecía de Isaías no deja de conmovernos, especialmente cuando la escuchamos en la Liturgia de la Noche de Navidad. No se trata sólo de algo emotivo, sentimental; nos conmueve porque dice la realidad de lo que somos: somos un pueblo en camino, y a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– hay tinieblas y luces. Y en esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se renueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz. Una luz que nos invita a reflexionar en este misterio: misterio de caminar y de ver. Caminar. Este verbo nos hace pensar en el curso de la historia, en el largo camino de la historia de la salvación, comenzando por Abrahán, nuestro padre en la fe, a quien el Señor llamó un día a salir de su pueblo para ir a la tierra que Él le indicaría. Desde entonces, nuestra identidad como creyentes es la de peregrinos hacia la tierra prometida. El Señor acompaña siempre esta historia. Él permanece siempre fiel a su alianza y a sus promesas. «Dios es luz sin tiniebla alguna» (1 Jn 1,5). Por parte del pueblo, en cambio, se alternan momentos de luz y de tiniebla, de fidelidad y de infidelidad, de obediencia y de rebelión, momentos de pueblo peregrino y de pueblo errante.
También en nuestra historia personal se alternan momentos luminosos y oscuros, luces y sombras. Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz, pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera. «Quien aborrece a su hermano –escribe el apóstol San Juan– está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos» (1 Jn 2,11). 2. En esta noche, como un haz de luz clarísima, resuena el anuncio del Apóstol: «Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11).
La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero. Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes, es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su tienda entre nosotros. 3. Los pastores fueron los primeros que vieron esta “tienda”, que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús. Fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados. Y fueron los primeros porque estaban en vela aquella noche, guardando su rebaño. Con ellos nos quedamos ante el Niño, nos quedamos en silencio. Con ellos damos gracias al Señor por habernos dado a Jesús, y con ellos, desde dentro de nuestro corazón, alabamos su fidelidad: Te bendecimos, Señor, Dios Altísimo, que te has despojado de tu rango por nosotros. Tú eres inmenso, y te has hecho pequeño; eres rico, y te has hecho pobre; eres omnipotente, y te has hecho débil.
Que en esta Noche compartamos la alegría del Evangelio: Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como nuestro hermano, como luz para nuestras tinieblas. El Señor nos dice una vez más: “No teman” (Lc 2,10). Y también yo les repito: No teman. Nuestro Padre tiene paciencia con nosotros, nos ama, nos da a Jesús como guía en el camino a la tierra prometida. Él es la luz que disipa las tinieblas. Él es nuestra paz. Amén.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Esta es la oración del Papa en la Fiesta de la Inmaculada Concepción


VATICANO, 08 Dic. 13 / 02:56 pm (ACI).- En el tradicional homenaje del Santo Padre a la Virgen de la Inmaculada Concepción con ocasión de su Fiesta, el 8 de octubre, en la Plaza España el Papa Francisco elevó una oración, para luego saludar a algunos niños y enfermos que llegaron hasta ahí.
A continuación, ACI Prensa reproduce el texto completo de la oración del Papa a la Inmaculada:

"Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el honor de nuestro pueblo
y la guardiana atenta que cuida de nuestra ciudad,
nos dirigimos con confianza y amor.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!
El pecado no está en Ti.

Suscita en todos nosotros un renovado deseo de santidad:
en nuestra palabra brille el esplendor de la verdad,
en nuestras obras resuene el canto de la caridad,
en nuestro cuerpo y en nuestro corazón habiten la pureza y la castidad,
en nuestra vida se haga presente toda la belleza del Evangelio.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
La Palabra de Dios se hizo carne en Ti.

Ayúdanos a mantenernos en la escucha atenta de la voz del Señor:
el grito de los pobres nunca nos deje indiferentes,
el sufrimiento de los enfermos y los necesitados no nos encuentre distraídos,
la soledad de los ancianos y la fragilidad de los niños nos conmuevan,
toda vida humana sea siempre amada y venerada por todos nosotros.

Tú eres la Toda Hermosa, ¡Oh María!
En ti está el gozo pleno de la vida bienaventurada con Dios.

Haz que no perdamos el sentido de nuestro camino terrenal:
la suave luz de la fe ilumine nuestros días,
la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
el calor contagioso del amor anime nuestro corazón,
los ojos de todos nosotros permanezcan fijos, allí, en Dios, donde está la verdadera alegría.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!
Escucha nuestra oración, atiende nuestra súplica:
se Tú en nosotros la belleza del amor misericordioso de Dios en Jesús,
que esta belleza divina nos salve a nosotros, a nuestra ciudad, al mundo entero.

Amén".

martes, 26 de noviembre de 2013

El vademécum del Papa: «Así se hace una prédica»

Artículo tomado de: http://vaticaninsider.lastampa.it/

11/26/2013

La nueva exhortación apostólica sobre la evengelización dedica 18 páginas a la homilía y a su preparación; para Francisco es parte integral del anuncio, punto fundamental en la relación entre el clero y los fieles

Francisco durante una homilía
ANDREA TORNIELLI
Ciudad del Vaticano


«Quien quiera predicar, primero debe estar dispuesto a dejarse conmover por la Palabra y a hacerla carne en su existencia concreta». Giran alrededor de esta afirmación las 18 páginas de la exhortación apostólica “Evangelii gaudium” dedicadas a la homilía y a su preparación. Un espacio considerable, que demuestra la preocupación del Papa por el “ministerio” de la predicación, parte integral del anuncio cristiano y de la celebración eucarística. « Me detendré particularmente, y hasta con cierta meticulosidad, en la homilía y su preparación, porque son muchos los reclamos que se dirigen en relación con este gran ministerio y no podemos hacer oídos sordos. La homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo».

No se puede olvidar que justamente las homilías, y las homilías cotidianas de la misa en Santa Marta, representan una de las novedades más significativas del Pontificado: prédicas breves, eficaces, simples, llenas de imágenes para que incluso la gente simple las comprenda. Aunque no sean escritas, las homilías del magisterio cotidiano de Francisco son el fruto de una larga meditación matutina sobre las Lecturas, que lleva a cabo durante las primeras horas de la madrugada.

Francisco recuerda que la prédica durante la misa « no es tanto un momento de meditación y de catequesis, sino que es el diálogo de Dios con su pueblo», que «la homilía no puede ser un espectáculo entretenido, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el sentido a la celebración» y que, por lo tanto, « debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase», para no dañar «la armonía» entre las diferentes partes de la misa. El Papa invita al predicador a hablar « como una madre que le habla a su hijo», «mediante la cercanía cordial del predicador», « la calidez de su tono de voz, la mansedumbre del estilo de sus frases, la alegría de sus gestos». Explica que « La predicación puramente moralista o adoctrinadora, y también la que se convierte en una clase de exégesis, reducen esta comunicación entre corazones que se da en la homilía». En la homilía, en efecto, « la verdad va de la mano de la belleza y del bien. No se trata de verdades abstractas o de fríos silogismos, porque se comunica también la belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien».

Quienes predican deben transmitir «la síntesis del mensaje evangélico», y no « no ideas o valores sueltos. Donde está tu síntesis, allí está tu corazón. La diferencia entre iluminar el lugar de síntesis e iluminar ideas sueltas es la misma que hay entre el aburrimiento y el ardor del corazón. El predicador tiene la hermosísima y difícil misión de aunar los corazones que se aman, el del Señor y los de su pueblo».

Al ver más de cerca la preparación de la homilía, Francisco pide que se dedique a ella «un tiempo prolongado de estudio, oración, reflexión y creatividad pastoral», a pesar de todos los asuntos que debe seguir un párroco: « Un predicador que no se prepara no es “espiritual”; es deshonesto e irresponsable con los dones que ha recibido».

Hay que prestar «prestar toda la atención al texto bíblico, que debe ser el fundamento de la predicación»; la Palabra debe ser venerada y estudiada «con con sumo cuidado y con un santo temor de manipularla. Para poder interpretar un texto bíblico hace falta paciencia, abandonar toda ansiedad». La preparación de la predicación « requiere amor. Uno sólo le dedica un tiempo gratuito y sin prisa a las cosas o a las personas que ama; y aquí se trata de amar a Dios que ha querido hablar».

Y también es importante captar el mensaje central del texto: « Si un texto fue escrito para consolar, no debería ser utilizado para corregir errores; si fue escrito para exhortar, no debería ser utilizado para adoctrinar; si fue escrito para enseñar algo sobre Dios, no debería ser utilizado para explicar diversas opiniones teológicas; si fue escrito para motivar la alabanza o la tarea misionera, no lo utilicemos para informar acerca de las últimas noticias». Además, hay que saber presentar el texto en plena armonía con todo el mensaje cristiano, sin « debilitar el acento propio y específico del texto que corresponde predicar».

«Quien quiera predicar, primero debe estar dispuesto a dejarse conmover por la Palabra y a hacerla carne en su existencia concreta. De esta manera, la predicación consistirá en esa actividad tan intensa y fecunda que es “comunicar a otros lo que uno ha contemplado”», como escribía Santo Tomás. Dios quiere usar a los predicadores «como seres vivos, libres y creativos, que se dejan penetrar por su Palabra antes de transmitirla; su mensaje debe pasar realmente a través del predicador, pero no sólo por su razón, sino tomando posesión de todo su ser».

Francisco después habla sobre la importancia de la “lectio divina”, la lectura espiritual de un texto a partir de su significado literal, para no hacer que diga «lo que le conviene, lo que le sirva para confirmar sus propias decisiones, lo que se adapta a sus propios esquemas mentales. Esto, en definitiva, será utilizar algo sagrado para el propio beneficio y trasladar esa confusión al Pueblo de Dios». Para hacerlo, es necesario que el sacerdote se pregunte: «“Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Qué me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?”, o bien: “¿Qué me agrada? ¿Qué me estimula de esta Palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?”». Evitando la tentación, «muy común» de «pensar lo que el texto dice a otros, para evitar aplicarlo a la propia vida».

Los que predican necesitan «también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar. Un predicador es un contemplativo de la Palabra y también un contemplativo del pueblo». Debe conectar «el mensaje del texto bíblico con una situación humana», con algo que las personas vivan. « Esta preocupación no responde a una actitud oportunista o diplomática, sino que es profundamente religiosa y pastoral». No hay que «ofrecer crónicas de la actualidad para despertar interés: para eso ya están los programas televisivos», sino que se pueden tomar puntos de partida « de algún hecho para que la Palabra pueda resonar con fuerza en su invitación a la conversión, a la adoración, a actitudes concretas de fraternidad y de servicio».

Además del contenido, es importante la forma para transmitirlo. « Algunos creen que pueden ser buenos predicadores por saber lo que tienen que decir, pero descuidan el cómo, la forma concreta de desarrollar una predicación. Se quejan cuando los demás no los escuchan o no los valoran, pero quizás no se han empeñado en buscar la forma adecuada de presentar el mensaje».

Para que una homilía sea atractiva y rica, Francisco sugiere « aprender a usar imágenes en la predicación, es decir, a hablar con imágenes». Y el lenguaje debe ser simple: « Debe ser el lenguaje que comprenden los destinatarios para no correr el riesgo de hablar al vacío. Frecuentemente sucede que los predicadores usan palabras que aprendieron en sus estudios y en determinados ambientes, pero que no son parte del lenguaje común de las personas que los escuchan». Para poder hablar a las personas hay que «escuchar mucho», hay que «compartir la vida de la gente y prestarle una gustosa atención». Bergoglio explica que la sencillez y la claridad no son la misma cosa, y que se puede hablar con la primera, en cuanto lenguaje, pero, al mismo tiempo carecer de claridad por falta de lógica, de orden, de unidad temática.

El lenguaje debe ser positivo: « No dice tanto lo que no hay que hacer sino que propone lo que podemos hacer mejor. En todo caso, si indica algo negativo, siempre intenta mostrar también un valor positivo que atraiga, para no quedarse en la queja, el lamento, la crítica o el remordimiento».

Sacerdotes y predicadores, como sea, tienen a disposición un detallado vademécum para preparar sus homilías. Y tienen, sobre todo, un ejemplo cotidiano en el Papa.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Los santos no son superhombres, sino amigos de Dios que han vivido una vida normal y tienen la alegría en el corazón que transmiten a los demás, el Papa a la hora del ángelus

Artículo extraído de: http://www.news.va/es/news/

2013-11-01 Radio Vaticana

(RV).- (Con audio) En una soleada Plaza de San Pedro y ante miles de fieles y peregrinos el Papa Francisco, antes de rezar el ángelus en la fiesta de Todos los Santos, afirmó que “la meta de nuestra existencia no es la muerte, sino el Paraíso. Y recordó que los Santos son los amigos de Dios, que han transcurrido su existencia terrena en comunión profunda con Dios, hasta el punto de llegar a ser semejantes a Él, porque han visto en el rostro de los hermanos más pequeños y despreciados el rostro de Dios, y ahora lo contemplan cara a cara en su belleza gloriosa.
El Santo Padre también afirmó que los Santos “no son superhombres, ni han nacido perfectos”. Sino que son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Son hombres y mujeres que tienen la alegría en el corazón y la transmiten a los demás.
Francisco no olvidó destacar que ser santos “no es un privilegio de pocos, sino que es una vocación para todos”. De modo que todos estamos llamados a caminar por la vía de la santidad, que tiene un nombre y un rostro: Jesucristo.
Además, el Obispo de Roma preguntó ¿qué nos dicen los Santos, hoy? Y respondió afirmando que nos dicen que debemos confiar en el Señor, ¡porque Él no decepciona! A la vez que con su testimonio nos animan a “no tener miedo de ir contracorriente o de ser incomprendidos y escarnecidos cuando hablamos de Él y del Evangelio”.
Antes de rezar a la intercesión de María, Reina de todos los Santos, el Pontífice dijo que nuestra oración de alabanza a Dios y de veneración de los espíritus bienaventurados se une a la oración de sufragio por cuantos nos han precedido en el pasaje de este mundo a la vida eterna.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto completo de la alocución del Papa Francisco antes de rezar el ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La fiesta de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos recuerda que la meta de nuestra existencia no es la muerte, ¡es el Paraíso! Lo escribe el Apóstol Juan: “Aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es” (1 Jn 3, 2). Los Santos, los amigos de Dios, nos aseguran que esta promesa no decepciona. En efecto, en su existencia terrena, han vivido en comunión profunda con Dios. En el rostro de los hermanos más pequeños y despreciados han visto el rostro de Dios, y ahora lo contemplan cara a cara en su belleza gloriosa.
Los Santos no son superhombres, ni han nacido perfectos. Son como nosotros, como cada uno de nosotros, son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Pero ¿qué ha cambiado su vida? Cuando han conocido el amor de Dios, lo han seguido con todo el corazón, sin condiciones o hipocresías; han gastado su vida al servicio de los demás, han soportado sufrimientos y adversidades sin odiar y respondiendo al mal con el bien, difundiendo alegría y paz. Ésta es la vida de los Santos, personas que por el amor de Dios no han hecho su vida con condiciones a Dios, no han sido hipócritas, han gastado su vida al servicio de los demás, servir al prójimo, han sufrido tantas adversidades, pero sin odiar. Los Santos jamás han odiado. Porque, comprendan bien esto, el amor es de Dios, pero el odio, de quién viene, ¿viene de Dios el odio? ¡No, viene del diablo! Y los Santos se han alejado del diablo. Los Santos son hombres y mujeres que tienen la alegría en el corazón y la transmiten a los demás.
Jamás odiar, servir a los demás, a los más necesitados, rezar, y alegría. Este es el camino de la santidad. Ser Santos no es un privilegio de pocos, como si alguno hubiera recibido una gran herencia. Todos nosotros tenemos la herencia de poder llegar a ser Santos en el Bautismo. Es una vocación para todos. Por tanto, todos estamos llamados a caminar por la vía de la santidad, y esta vía tiene un nombre, la vía que lleva a la santidad tiene un nombre, tiene un rostro: el rostro de Jesús. Él nos enseña a llegar a ser Santos. Jesucristo, Él en el Evangelio nos muestra el camino: el de las Bienaventuranzas (Cfr. Mt 5, 1-12). En efecto, el Reino de los cielos es para cuantos no ponen su seguridad en las cosas, sino en el amor de Dios; para cuantos tienen un corazón sencillo, humilde, no presumen ser justos y no juzgan a los demás, cuantos saben sufrir con quien sufre y alegrarse con quien se alegra, no son violentos sino misericordiosos y tratan de ser artífices de reconciliación y de paz. Esto último, eh, el santo, la santa, es un artífice de reconciliación y de paz. Siempre ayuda a reconciliar a la gente, siempre ayuda a que exista la paz. Y así es bella la santidad. Es un bello camino.
Hoy lo Santos nos dan un mensaje en esta fiesta. Nos dicen: ¡confíen en el Señor, porque Él no decepciona! ¡El Señor no decepciona jamás! Es un buen amigo. Siempre a nuestro lado. ¡No decepciona jamás! Con su testimonio los Santos nos animan a no tener miedo de ir contracorriente o de ser incomprendidos y escarnecidos cuando hablamos de Él y del Evangelio; nos demuestran con su vida que quien permanece fiel a Dios y a su Palabra experimenta ya en esta tierra el consuelo de su amor, y después el “céntuplo” en la eternidad. Esto es lo que esperamos y pedimos al Señor por nuestros hermanos y hermanas difuntos.
Con sabiduría la Iglesia ha puesto en estrecha secuencia la fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los fieles difuntos. A nuestra oración de alabanza a Dios y de veneración de los espíritus bienaventurados se une la oración de sufragio por cuantos nos han precedido en el pasaje de este mundo a la vida eterna.
Encomendamos nuestra oración a la intercesión de María, Reina de Todos los Santos.

Las víctimas de la violencia, los cristianos perseguidos y los hermanos y hermanas migrantes muertos en el desierto de Nigeria, entre ellos numerosos niños, en el corazón y la oración del Papa,
como dijo él mismo, después del rezo a la Madre de Dios, en la solemnidad de Todos los Santos, víspera de la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, anunciando que por la tarde irá al cementerio romano del Campo Verano:
«Esta tarde iré al cementerio del Verano y allí celebraré la Santa Misa, uniéndome espiritualmente a cuantos en estos días visitan los cementerios, donde duermen los que nos han precedido en el signo de la fe y esperan el día de la resurrección. En particular, rezaré por las víctimas de la violencia, especialmente por los cristianos que han perdido la vida a causa de las persecuciones. En especial rezaré por cuantos, hermanos y hermanas nuestras, hombres mujeres y niños, han muerto de sed, hambre y fatiga en el trayecto para lograr llegar a una condición de vida mejor: en estos días hemos visto las imágenes del cruel desierto. Recemos todos en silencio una oración por estos hermanos y hermanas nuestros».
Las imágenes del cruel desierto, citadas por el Obispo de Roma son las de la muerte de 92 migrantes, entre ellos 52 niños, cuyos cuerpos sin vida fueron encontrados en días pasados en el desierto nigeriano, a unos diez kilómetros de la frontera con Argelia.
El Papa Francisco saludó cordialmente a los numerosos fieles romanos y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, en particular a las familias, grupos parroquiales y asociaciones. Así como a los participantes en la «Carrera de los Santos», que también este año, coincidiendo con la solemnidad de Todos los Santos, tuvo su meta final en la Plaza de San Pedro, para rezar con el Santo Padre, escuchar sus palabras y recibir su bendición:
Dirijo un caluroso saludo a cuantos han participado esta mañana en la ‘Carrera de los Santos’, organizada por la Fundación ‘Don Bosco en el mundo’. San Pablo diría que toda la vida es una ‘carrera’ para conquistar el premio de la santidad: ¡ustedes nos dan un buen ejemplo!
Esta sexta edición, de la iniciativa promovida por la Fundación Don Bosco en el Mundo, para sostener cada año un proyecto solidario, contó con unos seis mil participantes, de 31 países. Este año, con el lema «Una ayuda para los confines del mundo», se propone ayudar un proyecto misionero en las Islas Salomón. Con la creación de un puesto móvil de asistencia sanitaria y de formación de personal sanitario para combatir enfermedades como el VIH – virus de inmunodeficiencia - la malaria, la tuberculosis y especialmente la Bakwa, que es una grave infección fúngica cutánea, difundida en las islas más remotas del archipiélago, las Shortlands.
Con su nombre y con la fecha elegida – 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos - esta carrera anhela impulsar y afianzar el significado de la fiesta y devoción popular a Todos los Santos. Poner en primer plano una emergencia de ayuda humanitaria para organizar acciones concretas de solidaridad activa. Y proponer los valores del deporte según la tradición educativa salesiana.
En las pasadas ediciones, se recogieron fondos para las ‘Obras Mamá Margarita’ de Lubumbashi, en el Congo. Para sostener un proyecto misionero en favor de los niños soldado de Sri Lanka. Ayudas para Pakistán y Haití, donde después de una primera fase de abastecimiento para las necesidades inmediatas de supervivencia – gracias a la entrega de alimentos, como harina y aceite, lentejas, azúcar, té y medicinas, el proyecto se propuso ayudar a las familias damnificadas por el trágico terremoto a volver a contar con un techo y a reanudar las actividades que tuvieron que abandonar. El año pasado, se ayudó el proyecto de una casa de acogida para chicos y chicas de la calle, en Porto Alegre, Brasil.
(CdM - RV)