lunes, 14 de octubre de 2013

La «nueva evangelización» según Francisco


10/14/2013

El Papa a los participantes de la plenaria del Pontificio Consejo: «Usar el lenguaje de la misericordia. Cada cristiano debe dialogar con los que piensan diferente, con los que tienen otra fe o no la tienen»

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«La nueva evangelización debe usar el lenguaje de la misericordia, hecho de gestos y de actitudes antes que de palabras». Y es necesario «ir hacia los demás», dialogando con todos. Lo dijo el Papa Francisco esta mañana al recibir en la Sala Clementina a los participantes de la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Evangelización, guiado por el arzobispo Rino Fisichella. Bergoglio agradeció por el servicio desarrollado y habló sobre el «primado del testimonio», sobre la «urgencia de salir al encuentro» y sobre la necesidad de un proyecto pastoral «que se centre en lo esencial».

«En nuestro tiempo se verifica a menudo una actitud de indiferencia hacia la fe», dijo Francisco y los cristianos, con su testimonio de vida, deben suscitar preguntas dudas en todos los que encuentran: «¿Por qué viven así? ¿Qué cosa los impulsa?». «Lo que necesitamos, especialmente en estos tiempos, son testimonios creíbles que con la vida y también con la palabra hagan visible el Evangelio, despierten la atracción por Jesucristo, por la belleza de Dios».

Muchas personas, observó Francisco, se han alejado de la Iglesia, pero es erróneo culpar a unos u otros; «es más, no hay que hablar de culpas. Hay responsabilidades en la historia de la Iglesia y de sus hombres, hay ciertas ideologías y también individuos. Como hijos de la Iglesia –añadió el Papa– debemos continuar el camino del Concilio Vaticano II, despojarnos de cosas inútiles o dañinas, de falsas seguridades mundanas que hacen pesada a la Iglesia y dañan su verdadero rostro».

Es necesario que los cristianos «hagan visible a los hombres de hoy la misericordia de Dios, su ternura por cada criatura. Sabemos que la crisis de la humanidad contemporánea no es superficial, sino profunda. Por ello, la nueva evangelización, mientras llama a tener la valentía de ir contracorriente, llama a convertirse de los ídolos al único Dios verdadero, no puede más que usar el lenguaje de la misericordia, hecho de gestos y de actitudes antes que de palabras». Cada bautizado es «un “cristóforo”, portador de Cristo, como decían los antiguos santos Padres. Quien ha encontrado a Cristo, como la Samaritana del pozo, no puede tener para sí esta experiencia… Todos deben preguntarse si con quienes nos encontramos  perciben en nuestra vida el calor de la fe, ¡si ven en nuestro rostro la alegría de haber encontrado a Cristo!».

El Papa subrayó que la nueva evangelización es un «movimiento renovado hacia los que han perdido la fe y el sentido profundo de la vida». Y así como el «Hijo de Dios “salió” de su condición divina y vino a nuestro encuentro», nosotros, «cada cristiano ha sido llamado a salir al encuentro de los demás, a dialogar con los que no piensan como nosotros, con los que tienen una fe diferente o no la tienen. Encontrar a todos, porque todos tenemos en común haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Podemos salir al encuentro de todos, sin miedo y sin renunciar a nuestra pertenencia».

«Nadie –observó Francisco– está exlcuido de la esperanza de la vida, del amor de Dios. La Iglesia ha sido enviada a despertar por doquier esta esperanza, especialmente en donde está sofocada por condiciones existenciales difíciles, a veces inhumanas, en donde la esperanza no respira, se sofoca. Se necesita el oxígeno del Evangelio, el soplo del Espíritu de Cristo resucitado, que la vuelva a encender en los corazones. La Iglesia es la casa cuyas puertas están siempre abiertas no solo para que allí cada quien pueda encontrar acogida o respirar amor y esperanza, sino también para que nosotros podamos salir y llevar este amor y esta esperanza».

Para concluir, el Papa indicó que «no sirve perderse en muchas cosas secundarias o superfluas», sino que hay que «concentrarse en la realidad fundamental, que es el encuentro con Cristo, con su misericordia, con su amor y el amar a los hermanos». Hay que «recorrer vías nuevas, con valentía, ¡sin fosilizarnos!». El Papa subrayó «la importancia de la catequesis, como momento de la Evangelización», para superar la «fractura entre Evangelio y cultura y el analfabetismo de nuestros días en materia de fe». «He recordado en diferentes ocasiones –añadió– un hecho que me ha impresionado en mi ministerio: ¡encontrar niños que ni siquiera sabían persignarse!». Los catequistas desempeñan un servicio precioso para la nueva evangelización, y es importante que los padres sean los primeros catequistas, los primeros «educadores en la fe en la propia familia con el testimonio y con la palabra».

viernes, 11 de octubre de 2013

Francisco: «Un cristiano no puede ser antisemita»

Tomado de: http://vaticaninsider.lastampa.it/


10/11/2013

Bergoglio con el rabino Di SegniEl Papa recibió a una delegación de la comunidad judía en ocasión del 70 aniversario de la deportación de los judíos de Roma. El rabino de Roma Di Segni elogia el compromiso por Lampedusa


ANDREA TORNIELLI
Ciudad del Vaticano
Bergoglio con el rabino Di Segni
«¡Es una contradicción que un cristiano sea antisemita! Un poco sus raíces son judías. Un cristiano no puede ser antisemita. ¡El antisemitismo debe ser alejado del corazón y de la vida de cada hombre y de cada mujer!». Lo dijo esta mañana el Papa al recibir a una delegación de la comunidad judía de Roma, en ocasión del 70 aniversario de la deportación de los judíos de la capital italiana.
El Papa recordó que la historia de la convivencia entre la comunidad judía y cristiana estuvo marcada a menudo «por incomprensiones y también por auténticas injusticias. Pero es una historia que, con la ayuda de Dios, ha conocido desde hace muchas décadas el desarrollo de relaciones amigables y fraternas».
A este cambio de mentalidad «ha contribuido, por parte católica, la reflexión del Concilio Vaticano II, pero un aporto no menor ha venido de la vida y de la acción de ambas partes, de hombres sabios y generosos», capaces de emprendeer con valentía «nuevos senderos de encuentro y de diálogo».
«Paradójicamente –añadió Bergoglio– la tragedia común de la guerra nos ha enseñado acaminar juntos. Dentro de pocos días recordaremos el 70 aniversario de la deportación de los judíos de Roma». Una ocasión, recordó el Papa, para recordar y rezar por las víctimas y sus familias. «También será la ocasión para mantener siempre alerta nuestra atención, para que no vuelvan a la vida, bajo ningún pretexto, formas de intolerancia y de antisemitismo, ni en Roma ni en el resto del mundo. Lo he dicho otras veces y quisiera repetirlo ahora: es una contradicción que un cristiano sea antisemita. Un poco sus raíces son judías. ¡Un cristiano no puede ser antisemita!».
Francisco quiso recordar la acción y la ayuda a los judíos que promovieron los cristianos y los hombres de la Iglesia con el beneplácito de Pío XII. Además volvió a evocar que «en la hora de las tinieblas, la comunidad cristiana de esta ciudad supo tender la mano al hermano en dificultad. Sabemos que muchos institutos religiosos, monasterios y las mismas basílicas papales, interpretando la voluntad del Papa, abrieron sus puertas para una fraterna acogida, y que muchos cristianos comunes ofrecieron la ayuda que podían dar, por pequeña o grande que fuera».
La mayor parte de estos cristianos, dijo Bergoglio, «no estaban al corriente de la necesidad de actualizar la comprensión cristiana del judaísmo», pero «tuvieron la valentía de hacer lo que en ese momento era justo: proteger al hermano, que estaba en peligro». Un aspecto que quiso subrayar el Papa, convencido de que «el pueblo de Dios tiene olfato propio e intuye el sendero que Dios le pide que recorra». «Sin esto, sin una verdadera y concreta cultura del encuentro que lleva a relaciones auténticas, sin prejuicios ni sospechas, serviría muy poco el compromiso a nivel intelectual».
Para concluir, Francisco recordó muchas de las cosas que tienen en común cristianos y judíos, como el «testimonio a la verdad de los diez mandamientos, al Decálogo, como sólido fundamento y fuente de vida incluso para nuestra sociedad, tan desorientada por un pluralismo extremo en las decisiones y en la orientación».
El Papa entregó a la comunidad un mensaje para recordar los hechos de hace 70 años, con un llamado «a las nuevas generaciones a no “aplanar” la propia existencia, a no dejarse llevar por ideologías, a no justificar nunca el mal que encontramos, a no bajar la guardia en contra del antisemitismo y en contra del racismo, provenga de donde provenga».
En su saludo al Papa, el rabino de Roma Riccardo Di Segni recordó la historia bíblica de Noé y del diluvio universal. Dijo que «hay algo que nos atormenta hoy en esa narración, en la que, de toda la humanidad, sobrevive solo una familia encerrada en una barca, mientras el resto es destruido por el diluvio». «En estos días –prosiguió–, asistimos paradójicamente a lo contrario: a los que mueren dentro de una barca mientras alrededor sobrevive una humanidad impotente y, en parte, indiferente». «Nuestra historia y nuestra fe  se revelan a todo esto –añadió el rabino de Roma–; y usted ha demostrado con la fuerza de su presencia que comparte esta rebelión y que tenemos valores comunes para transmitirlos a la humanidad».
«Fue un encuentro positivo –indicó a Vatican Insider Di Segni–, encontramos mucha disponibilidad al diálogo y una actitud propositiva. En el encuentro privado y luego en el encuentro público hablamos de exégesis bíblica, de historia y de solidaridad».

jueves, 10 de octubre de 2013

Oración, testimonio de la fe y caridad

Tomado de: http://www.news.va/es/news/

2013-10-10 Radio Vaticana

(RV).- Pasado el mediodía, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia al Consejo Ejecutivo de los Caballeros de Colón que está celebrando una reunión en Roma. El Papa les agradeció una vez más las oraciones, que junto con sus familias, han ofrecido al Pontífice y a las necesidades de la Iglesia en el mundo, desde su elección como Obispo de Roma.
(audio)   En esta ocasión también quiero expresar mi agradecimiento por el apoyo continuo que su Asociación siempre ha prestado a la acción de la Santa Sede. Este apoyo se expresa particularmente en el " Fondo del Vicario de Cristo", que es un signo elocuente de la solidaridad con la solicitud del Sucesor de Pedro para la Iglesia universal, y también se manifiesta a diario en las oraciones, en los sacrificios y en la acción apostólica que tantos Caballeros realizan en sus Consejos locales, en las parroquias y en sus comunidades.
Oración, compromiso en el dar testimonio de la fe, atención a las necesidades de los hermanos y hermanas más necesitados, son siempre las columnas que sostienen su actividad personal y asociativa. Continúen manteniendo la fidelidad y la visión del Venerable Padre Michael McGivney, su Fundador, que buscaba nuevas maneras de ser levadura del Evangelio en el mundo, y la fuerza para la renovación espiritual de la sociedad.
Mientras que el Año de la Fe se acerca a su conclusión, el Papa Francisco ha querido confiar de manera especial los Caballeros de Colón “a la intercesión de San José, guardián de la Sagrada Familia de Nazaret, que es un modelo admirable de las virtudes varoniles de estable fortaleza, integridad y lealtad”. Un santo que los Caballeros de Colón se han comprometido a “preservar, cultivar y transmitir a las futuras generaciones de hombres católicos”.
Ante de impartirles la Bendición Apostólica, el Santo Padre les pidió que rezaran por él, con gran afecto al Señor.
ER RV

martes, 8 de octubre de 2013

Il Papa: una preghiera fatta col cuore apre la porta a Dio e produce miracoli

                Tomado de:  http://www.news.va/it/news/

2013-10-08 Radio Vaticana
Un cuore che sa pregare e sa perdonare. Da questo si riconosce un cristiano. Lo ha spiegato questa mattina Papa Francesco all’omelia della Messa presieduta in Casa Santa Marta. E proprio dal Vangelo dedicato alla Santa cui è intitolata la sua residenza, il Papa ha preso le mosse per ricordare che la “preghiera fa miracoli”, purché non sia frutto di un atto meccanico. Il servizio di Alessandro De Carolis:
Marta e il profeta Giona. Queste figure plastiche del Nuovo e dell’Antico Testamento, presentate dalla liturgia odierna, erano accomunate da una identica incapacità: non sapevano pregare. Papa Francesco ha sviluppato l’omelia su questo aspetto, partendo dalla famosa scena del Vangelo in cui Marta chiede quasi in tono di rimprovero a Gesù che la sorella l’aiuti a servire, invece di rimanere ferma ad ascoltarlo, mentre Gesù replica: “Maria ha scelto la parte migliore”. E questa “parte”, ribadisce Papa Francesco, è “quella della preghiera, quella della contemplazione di Gesù”:
“Agli occhi della sorella era perdere tempo, anche sembrava, forse, un po’ fantasiosa: guardare il Signore come se fosse una bambina meravigliata. Ma chi la vuole? Il Signore: ‘Questa è la parte migliore’, perché Maria ascoltava il Signore e pregava col suo cuore. E il Signore un po’ ci dice: ‘Il primo compito nella vita è questo: la preghiera’. Ma non la preghiera di parole, come i pappagalli; ma la preghiera, il cuore: guardare il Signore, ascoltare il Signore, chiedere al Signore. Noi sappiamo che la preghiera fa dei miracoli”.

E la preghiera produce un miracolo anche nell’antica città di Ninive, alla quale il profeta Giona annuncia su incarico di Dio l’imminente distruzione e che invece si salva perché gli abitanti, credendo alla profezia, si convertono dal primo all’ultimo invocando il perdono divino con tutte le forze. Tuttavia, anche in questa storia di redenzione il Papa rileva un atteggiamento sbagliato, quello di Giona, più disposto a una giustizia senza misericordia in modo analogo a Marta, incline a un servizio che esclude l’interiorità:
“E Marta faceva questo: faceva cosa? Ma non pregava! Ci sono altri come questo testardo Giona, che sono i giustizieri. Lui andava, profetizzava, ma nel suo cuore diceva: ‘Ma se la meritano. Se la meritano. Se la sono cercata!’. Lui profetizzava, ma non pregava! Non chiedeva al Signore perdono per loro. Soltanto li bastonava. Sono i giustizieri, quelli che si credono giusti! E alla fine – continua il Libro di Giona – si vede che era un uomo egoista, perché quando il Signore ha salvato, per la preghiera del popolo, Ninive, lui si è arrabbiato col Signore: ‘Tu sempre sei così. Tu sempre perdoni!’.

Dunque, conclude Papa Francesco, la preghiera che è solo formula senza cuore, come pure il pessimismo o la voglia di una giustizia senza perdono, sono le tentazioni dalle quali un cristiano deve sempre guardarsi per arrivare a scegliere “la parte migliore”:
“Anche noi quando non preghiamo, quello che facciamo è chiudere la porta al Signore. E non pregare è questo: chiudere la porta al Signore, perché Lui non possa fare nulla. Invece, la preghiera, davanti a un problema, a una situazione difficile, a una calamità è aprire la porta al Signore perché venga. Perché Lui rifà le cose, Lui sa arrangiare le cose, risistemare le cose. Pregare è questo: aprire la porta al Signore, perché possa fare qualcosa. Ma se noi chiudiamo la porta, il Signore non può far nulla! Pensiamo a questa Maria che ha scelto la parte migliore e ci fa vedere la strada, come si apre la porta al Signore”.
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martes, 1 de octubre de 2013

La caridad es simple:¡adorar a Dios y servir a los demás!


2013-10-01 Radio Vaticana

(RV).- El Santo Padre concelebró la Misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta con los purpurados del “Consejo de cardenales” que desde hoy se reúne con el Papa en el Vaticano hasta el 3 de octubre. En su homilía, el Pontífice auguró que estas reuniones hagan a todos más humildes y confiados de Dios, “para que la Iglesia pueda dar a la gente un hermoso testimonio”.

Jesús reprende a los dos Apóstoles que querían que caiga fuego del cielo sobre todos aquellos que no querían recibirlo. El Obispo de Roma desarrolló su homilía inspirándose en el Evangelio del día, recordando que el del cristiano no es “un camino de venganza”. El camino del cristiano es aquel de la humildad, de la docilidad. Y, agregó, en la conmemoración de hoy de Santa Teresa del Niño Jesús, “nos hará bien reflexionar en ese espíritu de humildad, de ternura, de bondad”. Un espíritu humilde, puntualizó el Papa, que el Señor “quiere de todos nosotros”. ¿Dónde está por lo tanto la fuerza “que nos conduce a este espíritu”? Precisamente “en el amor – fue la respuesta de Francisco – en la caridad, en la conciencia de que estamos en las manos del Padre”. “Cuando se siente esto”, observó el Pontífice, “no es que den ganas de hacer caer fuego del cielo”:

“Viene el otro espíritu, aquel de esa caridad que todo sufre, todo perdona, que no se vanagloria, que es humilde, que no busca a sí misma. Alguien puede decir – y había algunos filósofos que pensaban así – que esta sea como una humillación de la majestad del hombre, de la grandeza del hombre. ¡Esto es estéril! La Iglesia sabia ha hecho a esta Santa, humilde, pequeña, confiada de Dios, dócil: la ha hecho Patrona de las Misiones”.

La fuerza del Evangelio, continuó el Santo Padre, está justamente ahí, “porque el Evangelio llega precisamente al punto más alto en la humillación de Jesús: ¡humildad que se convierte en humillación!” Y la fuerza del Evangelio “está en la humildad, la humildad del niño que se deja guiar por el amor y la ternura del padre”:

“La Iglesia -nos decía Benedicto XVI- no crece por proselitismo, crece por atracción, por testimonio. Y cuando la gente, los pueblos ven este testimonio de humildad, de docilidad de mansedumbre, sienten la necesidad de la que habla el profeta Zacarías: ‘¡Queremos venir con vosotros!’. La gente siente aquella necesidad ante el testimonio de la caridad, de esa caridad humilde, sin prepotencia, no autosuficiente, humilde, que adora y sirve”.

“La caridad es simple: ¡adorar a Dios y servir a los demás! Y este testimonio – afirmó el Papa – hace crecer a la Iglesia”. He aquí el por qué una monja “tan humilde, pero tan confiada en Dios”, como Santa Teresa del Niño Jesús, “fue declarada Patrona de las Misiones, porque su ejemplo” hace “que la gente diga ‘¡Queremos venir con vosotros!’”. El Papa concluyó su homilía dirigiendo un pensamiento especial a las reuniones que desde este martes se llevan a cabo en el Vaticano con el “Consejo de cardenales” por él deseado para ayudarlo en el gobierno de la iglesia:

“Hoy, aquí, en el Vaticano comienza la reunión con los cardenales consultores, que están concelebrando la Misa. Pidamos al Señor que nuestro trabajo de hoy nos haga a todos más humildes, más dóciles, más pacientes, más confiados de Dios, para que así la Iglesia pueda dar un hermoso testimonio a la gente y viendo al Pueblo de Dios, viendo a la Iglesia, sientan el deseo de venir con nosotros!”.

(RC-RV)

domingo, 29 de septiembre de 2013

El Papa a los catequistas en el Año de la Fe: Custodiar y alimentar la memoria de Dios

Tomado de: http://www.news.va/es/news/

2013-09-29 Radio Vaticana

(RV).- El Santo Padre Francisco presidió esta mañana en la plaza de san Pedro, ante decenas de miles de fieles y peregrinos, la Santa Misa en ocasión de la Jornada de los catequistas, que llegaron en peregrinación a la Tumba de Pedro para el Año de la Fe. Una oportunidad también para recordar el 20º aniversario de la publicación del catecismo de la Iglesia Católica. El Papa, en una vibrante homilía, habló directamente a los catequistas, advirtiéndoles del riesgo de “apoltronarse en la comodidad” y en “la mundanidad” de la vida. Esto sucede “cuando perdemos la memoria de Dios”. Y el catequista es el que “custodia y alimenta la memoria de Dios, como la Virgen María que, ante la obra maravillosa de Dios en su vida, no piensa en el honor, el prestigio, la riqueza, no se cierra en sí misma”. Y así es para todo cristiano, ha afirmado el Santo Padre: “la fe contiene precisamente la memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que crea y salva, que nos transforma” y el catequista es precisamente “un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad”.

Texto completo de la homilía del Santo Padre Francisco:

1. «¡Ay de los que se fían de Sión,... acostados en lechos de marfil!» (Am 6,1.4); comen, beben, cantan, se divierten y no se preocupan por los problemas de los demás.
Son duras estas palabras del profeta Amós, pero nos advierten de un peligro que todos corremos. ¿Qué es lo que denuncia este mensajero de Dios, lo que pone ante los ojos de sus contemporáneos y también ante los nuestros hoy? El riesgo de apoltronarse, de la comodidad, de la mundanidad en la vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar. Es la misma experiencia del rico del Evangelio, vestido con ropas lujosas y banqueteando cada día en abundancia; esto era importante para él. ¿Y el pobre que estaba a su puerta y no tenía para comer? No era asunto suyo, no tenía que ver con él. Si las cosas, el dinero, lo mundano se convierten en el centro de la vida, nos aferran, se apoderan de nosotros, perdemos nuestra propia identidad como hombres: miren bien, el rico del Evangelio no tiene nombre, es simplemente «un rico». Las cosas, lo que posee, son su rostro, no tiene otro.
Pero intentemos preguntarnos: ¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es posible que los hombres, tal vez también nosotros, caigamos en el peligro de encerrarnos, de poner nuestra seguridad en las cosas, que al final nos roban el rostro, nuestro rostro humano? Esto sucede cuando perdemos la memoria de Dios. "Ay de los que se fían de Sión", decía el profeta. Si falta la memoria de Dios, todo queda comprimido en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener. Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio. Quien corre en pos de la nada, él mismo se convierte en nada, dice otro gran profeta, Jeremías (Cf. Jr 2,5). Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de de las cosas, de los ídolos.
2. Entonces, mirándoles a ustedes, me pregunto: ¿Quién es el catequista? Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás. Qué bello es esto: hacer memoria de Dios, como la Virgen María que, ante la obra maravillosa de Dios en su vida, no piensa en el honor, el prestigio, la riqueza, no se cierra en sí misma. Por el contrario, tras recibir el anuncio del Ángel y haber concebido al Hijo de Dios, ¿qué es lo que hace? Se pone en camino, va donde su anciana pariente Isabel, también ella encinta, para ayudarla; y al encontrarse con ella, su primer gesto es hacer memoria del obrar de Dios, de la fidelidad de Dios en su vida, en la historia de su pueblo, en nuestra historia: «Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humillación de su esclava... su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (Cf. Lc 1,46.48.50). María tiene memoria de Dios.
En este cántico de María está también la memoria de su historia personal, la historia de Dios con ella, su propia experiencia de fe. Y así es para cada uno de nosotros, para todo cristiano: la fe contiene precisamente la memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que es el primero en moverse, que crea y salva, que nos transforma; la fe es memoria de su Palabra que inflama el corazón, de sus obras de salvación con las que nos da la vida, nos purifica, nos cura, nos alimenta. El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo aquello que Dios ha revelado. La doctrina en su totalidad. Sin quitar ni agregar.
San Pablo recomienda a su discípulo y colaborador Timoteo sobre todo una cosa: Acuérdate, acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, a quien anuncio y por el que sufro (Cf. 2 Tm 2,8-9). Pero el Apóstol puede decir esto porque él es el primero en acordarse de Cristo, que lo llamó cuando era un perseguidor de los cristianos, lo conquistó y transformó con su gracia.
El catequista, pues, es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo. Compromete toda la vida. El mismo Catecismo, ¿qué es sino memoria de Dios, memoria de su actuar en la historia, de su haberse hecho cercano a nosotros en Cristo, presente en su Palabra, en los sacramentos, en su Iglesia, en su amor? Queridos catequistas, les pregunto: ¿Somos nosotros memoria de Dios? ¿Somos verdaderamente como centinelas que despiertan en los demás la memoria de Dios, que inflama el corazón?
3. «¡Ay de los que se fían de Sión!», dice el profeta. ¿Qué camino se ha de seguir para no ser «superficiales», como los que ponen su confianza en sí mismos y en las cosas, sino hombres y mujeres de la memoria de Dios? En la segunda Lectura, san Pablo, dirigiéndose de nuevo a Timoteo, da algunas indicaciones que pueden marcar también el camino del catequista, nuestro camino: Tender a la justicia, a la piedad, a la fe, a la caridad, a la paciencia, a la mansedumbre (Cf. 1 Tm 6,11).
El catequista es un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de «hypomoné», de paciencia y de perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia.
Pidamos al Señor que todos seamos hombres y mujeres que custodian y alimentan la memoria de Dios en la propia vida y la saben despertar en el corazón de los demás. Amén.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

jueves, 26 de septiembre de 2013

No se puede conocer a Jesús “en primera clase”, dice el Papa.

Tomado de: http://www.news.va/es/news/

2013-09-26 Radio Vaticana

(RV).- Para conocer a Jesús es necesario implicarse con Él. Es cuanto subrayó el Papa Francisco esta mañana en su homilía de la misa celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Santo Padre afirmó que a Jesús no se lo puede conocer en “primera clase”, sino en la vida cotidiana de todos los días. De ahí que el Pontífice indicara los tres lenguajes necesarios para conocer a Jesús, a saber: el de la mente, el del corazón y el de la acción”.
¿Quién es éste, de dónde viene? El Papa Francisco desarrolló su homilía matutina partiendo de la pregunta que Herodes se plantea sobre Jesús. Un interrogante, dijo, que en realidad se plantean todos los que encuentran a Jesús. Y afirmó que es una pregunta “que se puede hacer por curiosidad” o se “puede hacer por seguridad”. A la vez que observó que leyendo el Evangelio vemos que “algunos comienzan a tener miedo de este hombre, porque los puede llevar a un conflicto político con los romanos”. “¿Quién es éste que causa tantos problemas?”. Porque, verdaderamente, dijo el Papa, “Jesús causa problemas”:
“No se puede conocer a Jesús sin tener problemas. Y yo oso decir: ‘Pero si tú quieres tener un problema, ve por el camino de conocer a Jesús. No uno, ¡tantos tendrás!’. ¡Pero es el camino para conocer a Jesús! ¡No se puede conocer a Jesús en primera clase! A Jesús se lo conoce en lo cotidiano de todos los días. No se puede conocer a Jesús en la tranquilidad, ni siquiera en la biblioteca… ¡Conocer a Jesús!”.
Francisco añadió que ciertamente “se puede conocer a Jesús en el Catecismo”, porque “el Catecismo nos enseña tantas cosas sobre Jesús”. Y añadió que “debemos estudiarlo, debemos aprenderlo”. De este modo “conocemos al Hijo de Dios, que ha venido para salvarnos; comprendemos toda la belleza de la historia de la Salvación, del amor del Padre, estudiando el Catecismo”. Y sin embargo, preguntó el Papa, ¿cuántos han leído el Catecismo de la Iglesia Católica desde que ha sido publicado hace más de veinte años?
“Sí, se debe conocer a Jesús en el Catecismo. Pero no es suficiente conocerlo con la mente: es un paso. Pero a Jesús es necesario conocerlo en el diálogo con Él, hablando con Él, en la oración, de rodillas. Si tú no rezas, si tú no hablas con Jesús, no lo conoces. Tú sabes cosas de Jesús, pero no vas con el conocimiento que te da el corazón en la oración. Conocer a Jesús con la mente, el estudio del Catecismo; conocer a Jesús con el corazón, en la oración, en el diálogo con Él. Esto nos ayuda bastante, pero tampoco es suficiente... Hay un tercer camino para conocer a Jesús: es el seguimiento. Ir con Él, caminar con Él”.
Es necesario “andar, recorrer sus caminos, ¡caminando”. Es necesario, afirmó el Papa, “conocer a Jesús con el lenguaje de la acción”. He aquí entonces que se puede conocer verdaderamente a Jesús con estos “tres lenguajes, de la mente, del corazón y de la acción”. Por tanto, si “yo conozco a Jesús así – dijo Francisco al concluir – me implico con Él”:
“No se puede conocer a Jesús sin implicarse con Él, sin jugarse la vida por Él. Cuando tanta gente – también nosotros – se hace esta pregunta: ‘¿Pero quién es éste?’, la Palabra de Dios nos responde: ‘¿Tú quieres conocer quién es éste? Lee lo que la Iglesia te dice de Él, habla con Él en la oración y camina por su camino con Él. De este modo tú conocerás quién es este hombre’. ¡Éste es el camino! ¡Cada uno debe hacer su elección!”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).